RETABLO DE LA VIRGEN DEL PÓPULO

Anónimo
Hacia 1520
Escultura en madera de pino policromada
192 x 155 x 32 cm. (retablo) / 138 x 40 x 38 cm. (escultura titular)
Colegiata de San Antolín. Medina del Campo
Proyecto de restauración y réplica del Retablo – AÑO 2010

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En la fachada principal de la Colegiata de San Antolín se levanta una capilla exterior, a modo de balconcillo, cuya singularidad va más allá de ser una fundación piadosa particular de un personaje eclesiástico, en este caso el cuarto abad de la Colegiata, Alonso García del Rincón, célebre por su protagonismo en la Guerra de las Comunidades. Dedicada oficialmente a la Inmaculada Concepción, su advocación popular es la de Ntra. Señora del Pópulo y su importancia reside en ser el más antiguo antecedente, aún en pie, de las capillas “abiertas” o “de indios”, tan extensamente difundidas en las iglesias hispanoamericanas.

El “balcón del Pópulo” se construyó entre los años 1516 y 1523 como segundo altar de la capilla interior del mismo título (que se encuentra situada en la cabecera de la nave del Evangelio) con la que se comunica directamente por una angosta escalera. En las disposiciones fundacionales, dictadas por García del Rincón el 15 de marzo de 1516, se recoge la función primordial de este altarcillo exterior, abierto hacia la Plaza Mayor: ser el lugar desde donde se celebrara la misa los días de feria que no fueran festivos, para que los mercaderes no tuvieran que ausentarse de sus tiendas y negocios. Un fragmento del texto original dice lo siguiente (refundimos parte de los capítulos II y IV):

En memoria la nuestra Santísima Concepción, en la dicha nuestra capilla se hagan… dos altares de esta manera: el uno, y más principal, que esté dentro de la misma capilla, y el otro altar segundo se haga en lo alto de la dicha capilla, metido en la pared de la mano izquierda, en la parte de fuera hacia la plaza, y este altar esté siempre bien hecho y ataviado con sus puertas y reja… Otrosí queremos y mandamos, que por razón que en dos ferias del año que se hacen ante dicha capilla en la plaza, concurren muchas gentes de diversas partes y Reinos, y a causa de la mucha contratación que tienen, por no dejar sus tiendas y mercaderías, comúnmente no van ni pueden ir a oír Misa a las iglesias… mandamos que en el otro altar alto que estará en la dicha nuestra capilla hacia la plaza uno de nuestros capellanes y semaneros digan la Misa… de manera que puedan ver y adorar el Santísimo Sacramento de Nuestro Salvador Jesucristo desde la dicha plaza y desde las dichas tiendas de ella… desde el primer día de cada una de las dichas ferias hasta su fin de ellas… salvo si fuere día de tanto viento y agua, de tanta tempestad que verisímilmente en el dicho altar alto no se pueda celebrar sin temor de acaecer algún inconveniente o peligro cerca de la Misa o del Santísimo Sacramento“.

El retablo que preside dicha capilla exterior –el que ahora presentamos como “Pieza del Mes”, tras un proceso de conservación preventiva– puede ser considerado, sin duda alguna, como la obra artística de más estrecha vinculación con las ferias históricas de Medina del Campo. Estudiado en 1998 por José Ignacio Hernández Redondo para la Exposición “Mercaderes y Cambistas”, la obra presenta en su cuerpo central el grupo de la Virgen con el Niño, circunstancia que no debe sorprendernos ya que aún no está fijada la iconografía definitiva de la Inmaculada Concepción, la advocación mariana titular de la capilla. La escultura sigue elmodelo del icono bizantino del mismo nombre –Ntra. Señora del Pópulo-, que se venera en Roma, en la basílica de Santa María la Mayor. La Virgen, cubierta con un manto de ampulosos y pronunciados plegados, sostiene a su Hijo entre sus brazos, faltándole la mano derecha aunque parte de sus dedos se conservan junto a la pierna izquierda del Niño. Éste aparece vestido con una larga túnica que le llega hasta los pies y al haber perdido sus manos no sabemos cual era su disposición original, aunque intuimos que con la izquierda sostendría un libro, mientras que con la derecha bendeciría al Pueblo. Concebida desde el gusto estético del Renacimiento, en ella aún pueden rastrearse todavía restos muy escasos de varias carnaciones y policromías, dorados (los cabellos), brocados, estofados y elementos sobrepuestos que nos hablan de múltiples intervenciones; a los pies, queda la huella donde en su día hubo una luna creciente. Ambas figuras presentan –la Virgen en el manto y el Niño en su espalda- cajeados donde, en su día, pudieron conservarse reliquias o algún papel identificativo. La ornamentación que presenta la mazonería del retablo es plenamente renacentista, especialmente en los guardapolvos o polseras laterales –de factura y remate inferior diferente- decorados a candelieri, con vistosas composiciones geométricas, elementos vegetales y trompas de la abundancia. En el cuerpo central la escultura de la Virgen con el Niño aparece rodeada de un nimbo, a modo de mandorla, formado por rayos solares apocalípticos mientras que en las enjutas aparecen cabezas aladas de angelotes a ambos lados del doselete central que cubre a la pieza (hay otra cabeza de querubín bajo la ménsula inferior).

Todas las características citadas recuerdan la estrecha relación que el abad García del Rincón tuvo con Italia –recuérdese que fallece en Roma en 1533-, lo que nos llevaría a pensar, si no en una obra importada, sí en un escultor que trabaja en Castilla bajo la influencia de las novedosas corrientes artísticas renacientes.

                                                                                                      Antonio Sánchez del Barrio