Esculturas orantes de Simón Ruiz, María de Montalvo y Mariana de Paz

Pedro de la Cuadra
1598 – 1600
Alabastro
Fundación Simón Ruiz

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De acuerdo con la voluntad dispuesta por Simón Ruiz en su testamento, el penúltimo día del año 1597 los escultores Pedro de la Cuadra y Francisco de Rincón, junto con el ensamblador Juan de Ávila, se comprometían a entregar en el plazo de catorce meses un retablo de madera de pino, de unos cuarenta y cinco pies de alto y treinta de ancho, y, ocho meses más tarde, tres bultos de alabastro del propio Simón Ruiz y sus dos mujeres: doña María de Montalvo y doña Mariana de Paz, recibiendo por todo ello la suma de mil trescientos diez ducados.

Es posible que la primera intención fuera realizar dos sepulcros más complejos con figuras yacentes, pero probablemente la merma de la hacienda de Simón Ruiz a consecuencia de la suspensión de pagos de la deuda decretada por Felipe II en 1596, determinó que en el propio testamento indicara que se debía acabar la obra del hospital evitando gastos innecesarios y estableciera su voluntad de realizar tres bultos de alabastro bien labrados, que sin duda aluden a las figuras orantes.

Lógicamente, se requería el parecido físico por lo que entre las cláusulas del propio contrato se dice que serían “hechos conforme a los retratos que para acer los dichos bultos se le mostrare”. Del mismo modo, las prendas son las propias de personajes de alto rango para las grandes ocasiones, Simón Ruiz con el tradicional cuello de elevada gorguera, calzas, jubón y capa corta; sus dos esposas con cuellos similares y sayas enteras con manguillas que cuelgan bajo los brazos, cubiertas por prendas abiertas por delante.

Al contrario de lo que sucedió con el retablo y pese a que en el contrato nada se menciona sobre un reparto diferente del trabajo en lo relativo a las esculturas funerarias, en los estudios publicados hasta el momento se atribuyen de forma unánime solamente a Pedro de la Cuadra. En efecto, especialmente en lo que respecta a las figuras de Simón Ruiz y una de sus dos mujeres, el modo de reflejar los rostros, anchos y de ojos abultados, un tanto inexpresivos, parecen encajar con el estilo de Pedro de la Cuadra, sin dejar de mantener el digno grado de calidad que ha permitido destacar sus obras en alabastro como lo más destacado de su producción. Sin embargo, no conviene descartar la participación de Rincón en la otra escultura, identificada con María de Montalvo, en la que se aprecia un canon algo mayor y sobre todo un mayor naturalismo en el tratamiento del cabello, las manos o el plegado. La restauración realizada para esta exposición lo ha realzado.

Lo cierto es que en las cartas de pago conservadas en el propio Archivo Simón Ruiz, se recogen diversas cantidades entregadas a los dos escultores en el año 1598, señalándose incluso en la del cinco de agosto mil cien reales quando se fue por las piedras, probablemente a la misma cantera de Cogolludo a la que acudió de la Cuadra en otros encargos. Por el contrario, en las cartas firmadas el trece de febrero y el dos de julio de 1599, figura únicamente Pedro de la Cuadra percibiendo cincuenta ducados en cada ocasión por los “bultos que el dicho Pedro de la Cuadra tiene azer y esta aciendo para el ospital que Simon Ruiz difunto fundo en la villa de Medina del Campo” (Archivo Simón Ruiz, ASR, C, Caja 203, 174-182).

Parece, por tanto, lógico deducir que hubo un cambio de planes y quizás tuvo que ver en ello la desaparición en la dirección de las obras del agustino fray Antonio de Sosa, a quien dejó Simón Ruiz como responsable del encargo. También pudo influir un posible enfrentamiento entre ambos escultores que terminaría siendo evidente pocos años después. En un pleito por otra obra, Rincón declara que Pedro de la Cuadra le había negado una carta de pago de ciertos dineros y “anssi mismo la abía negado un concierto que tenía hecho con el sobre un bulto de alabastro”, seguramente el del propio Simón Ruiz.

José Ignacio Hernández Redondo
Conservador del Museo Nacional de Escultura

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