| Iglesia de Santiago el Real B.I.C. Declarado. Decreto de 18 de enero de 1968. B.O.E. de 5 de febrero de 1968 Con el título de Santiago existió una iglesia ya nombrada en la relación de parroquias de 1177; situada al extremo de la actual calle de Santa Teresa y reformada en los comienzos del siglo XVI, funcionó como tal hasta 1770, año en que fue trasladada a este edificio, originalmente construido como iglesia del noviciado de jesuitas y acogido a la advocación de San Pedro y San Pablo.
La construcción comienza por la cabecera (acabada en 1562), dos años más tarde se
están construyendo los tramos de la nave y se terminan las capillas laterales en las
primeras décadas del siglo siguiente. En 1665 el Colegio-noviciado sufre un terrible
incendio que llega, por la cabecera, hasta la sacristía y el relicario no pasando al
cuerpo de la iglesia que permanece intacto. En la década siguiente se reconstruye la
mayor parte de las zonas afectadas, entre ellas las dos estancias citadas. El interior ofrece un variado y muy interesante conjunto de obras artísticas de diversa procedencia. En el presbiterio, el retablo mayor de dos cuerpos más ático, es realizado por el ensamblador Sebastián López a partir de 1595, con la intervención en la parte escultórica de Adrián Álvarez, Pedro de la Cuadra y Juan Montejo; en el banco hay cuatro relieves con las Virtudes, en los dos cuerpos los relieves muestran escenas de la infancia de Jesús (Nacimiento, Circuncisión, Adoración de los Reyes y Predicación en el templo), y en los extremos esculturas de los cuatro Doctores de la Iglesia; preside el conjunto el relieve de los primeros santos titulares del templo, San Pedro y San Pablo, sobre el que se halla, en el ático, el Calvario; sobre los entablamentos hay pequeñas pinturas en tabla, algunas de ellas de gran calidad, y sobre el sagrario una figura ecuestre de Santiago matamoros, procedente de la antigua parroquia. En el muro del Evangelio se abre una hornacina donde se hallan las estatuas orantes de los fundadores Pedro Cuadrado y Francisca Manjón. En los muros testeros del crucero se disponen en 1635 dos retablos relicario que siguen la traza de la decoración hecha por Rainaldi para la ceremonia de canonización de San Carlos Borromeo; las imágenes titulares, respectivamente Jesús atado a la columna y la Virgen con el Niño, realizadas entre 1563 y 1565 por el hermano Domingo Beltrán, están rodeadas en ambos casos por pequeños bustos destinados a acoger reliquias de diferentes santos. Jesús atado a la columna es una de las obras fundamentales de la escultura castellana de la segunda mitad del siglo XVI. Los otros dos retablos situados en los brazos del crucero proceden de la antigua iglesia parroquial de San Martín; el situado en el lado del Evangelio está compuesto por once tablas pintadas, de ellas ocho con escenas de la vida de la Virgen María y las tres restantes -en el ático del retablo- que representan el Juicio Final, con Cristo juez sobre los justos y los condenados. De gran calidad, de autor anónimo castellano, muy cercano al círculo de Alonso Berruguete; en el banco hay dos relieves, también excelentes, que representan a Santiago Matamoros y la Misa de San Gregorio, rematando el conjunto un calvario, al igual que los anteriores de inspiración flamenca. El retablo del lado de la Epístola, realizado para la capilla de Palomares de la citada iglesia, es de inferior calidad en el que participaron el ensamblador Diego de Basoco, el pintor Francisco de Pineda (a quien se deben los lienzos) y algún escultor de la escuela toresana de los Ducete al que pueden adscribirse los relieves del banco; su imagen titular, la Asunción de la Virgen, se halla actualmente en el Museo Diocesano, y ha sido sustituida por otra de San Ignacio. Junto al primero de los citados retablos se encuentra un gran lienzo con la escena de la Anunciación, obra de Diego Valentín Díaz.
En las capillas de la nave cabe destacar varias obras de relevancia; en la primera del
lado del Evangelio hay dos Crucificados de bella factura, el titular de la capilla, el
Santo Cristo de la Agonía, talla atribuida recientemente al jesuita Domingo Beltrán, y
otro de menores dimensiones relacionado con los seguidores abulenses de Berruguete. En la
tercera de las de la Epístola, junto al crucero, destaca una singular
Virgen de la
Expectación, gótica del siglo XIV, que procede de la desaparecida parroquia de Ntra. Sra.
de la Antigua; junto a esta capilla, en la nave, se halla empotrada en el muro la lápida
funeraria del Marqués de la Ensenada, personaje aquí enterrado cuyos restos fueron
trasladados hace más de medio siglo al Panteón de marinos ilustres de Cádiz. En la
sacristía destaca un espléndida tabla flamenca de la segunda mitad del siglo XVI, que
representa el Llanto sobre Cristo muerto; también hay colgados varios cuadros en lienzo y
en tabla de discreta calidad, un Cristo de mediados del siglo XVI y un retablito del XVIII
dedicado a San Blas.
El retablo está dedicado al fundador del colegio, San Francisco de Borja, cuya escultura está rodeada por lienzos con escenas de la vida de la Virgen, de inequívoca intención contrarreformista; en el ático está la talla de Ntra. Sra. del Buen Consejo flanqueada, entre otros, por dos lienzos que copian los personajes de la Anunciación original de Allori. Los muros de la nave están materialmente cubiertos por relicarios de todos los tipos: arquitectónicos (de fachada o retablo, piramidales, de templete,...), de viril o custodia, enmarcados, de urna y -los más significativos- antropomorfos; a ésta última tipología corresponden dos series de bustos de santos y santas: en los primeros están representados santos jesuitas japoneses, así como los primeros miembros de la Compañía elevados a los altares, junto con otros de especial significado para la Orden; las santas son de talla más elaborada y uniforme estando fechadas todas ellas en 1673. Como piezas artísticas han de destacarse, entre otras muchas, un crucifijo hispano-filipino de marfil de comienzos del siglo XVIII, un atril de arte namban, en laca japonesa, de los años finales del XVI y un pequeño lienzo de San Ignacio, que tras sucesivos traslados han sido recogidos en este singular recinto. |