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Castillo
de la Mota |
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El edificio monumental por excelencia de Medina del Campo es sin lugar a dudas el Castillo de la Mota. Sus más remotos orígenes hay que buscarlos, más que en explicaciones legendarias tan comunes en este tipo de construcciones militares, en pruebas arqueológicas y documentales que, en estos últimos años, se están revisando pormenorizadamente con motivo de la ejecución de su Plan Director de Restauración. Proceso de construcción Hasta la aparición de nuevas noticias que confirmen o desmientan las
conclusiones aceptadas hasta el momento, se admiten como las más antiguas las partes de
lienzos aprovechados de las primitivas murallas del último tercio del siglo XII,
concretamente las que forman el ángulo suroeste tanto del antiguo recinto como del
castillo actual. Este enclave esquinado es grandiosamente ampliado durante la segunda
mitad del siglo XV, bajo los sucesivos reinados de Enrique IV y los Reyes Católicos,
dando como resultado el espectacular castillo que hoy vemos (las citas anteriores de la
"fortaleza de la Mota", se referirán al conjunto de la villa amurallada de
dicho cerro, más que a un hipotético alcázar anterior del que nada conocemos).
Un parque de artillería y una fortaleza inexpugnable Dedicado entre otros fines a Archivo de la Corona en tiempos de Enrique IV (Carlos V será quien ordene el traslado de los legajos a Simancas), sus descomunales proporciones nos hablan de su destino originario ligado a constituirse, en tiempos de los Reyes Católicos, en el principal baluarte militar de Castilla, al tiempo que gran depósito de piezas artilleras; como tal, fue uno de los objetivos fundamentales de la guerra de las Comunidades y, por ello, en 1520, ante la negativa de los medinenses a ceder su artillería a los realistas, tiene lugar la desgraciada "quema de Medina" que arrasa buena parte de la Medina ferial. Por otra parte, la inexpugnabilidad de su poderosa torre de homenaje, convirtió a nuestra fortaleza en la más segura prisión de Estado y, de este modo, importantes personajes como el duque de Calabria, César Borgia, Diego Hurtado de Mendoza, Hernando Pizarro, Rodrigo Calderón y un largo etcétera fueron encerrados en ella. Tras más de tres siglos de abandono, en 1942 fue nuevamente ocupado, esta vez como Escuela de Formación de la Sección Femenina; desde 1984 depende de la Junta de Castilla y León, y es lugar de encuentro de importantes congresos y acontecimientos culturales.
En una rápida descripción de sus partes digamos que el castillo es de planta trapezoidal y se accede a él por un puente, en otros tiempos levadizo, ante el que se abre un arco de entrada entre dos torretas, presidido por el escudo de los Reyes Católicos flanqueado por sus emblemas; caminando hacia la torre por el espacio entre murallas se llega a la puerta del recinto interior que se halla ligeramente elevado. Todo lo construido en el patio de armas, así como en las dependencias dispuestas en su derredor proceden de la reconstrucción realizada tras la Guerra Civil, siguiendo las huellas y restos que quedaban tanto en la planta como en los muros de carga; con esta premisa se levantaron tres lados porticados de dos plantas con arcos apuntados en la baja y adintelados en la alta, con arreglo a modelos históricos contemporáneos a la edificación del castillo; en el flanco restante se levantó una reproducción exacta de la portada gótica del hospital madrileño de Beatriz Galindo, la Latina, que consta de arco apuntado de acceso decorado a base de bolas, sobre el que aparecen los escudos de los Ramírez y los Galindo, y las esculturas del grupo del Abrazo de San Joaquín y Santa Ana protegidas por doseletes; enmarca el conjunto un alfiz bellamente ornamentado. Entre las dependencias de la planta baja cabe destacar la capilla dedicada a Santa María del Castillo. A la planta superior se sube por una escalera en piedra, reproducción también de la existente en el citado hospital de la Latina; entre las estancias que aquí se hallan destaca el salón de honor donde se conserva otro tríptico flamenco de gran interés y otras muchas obras artísticas; de este espacio se accede al llamado "mirador o peinador de la reina", estancia situada en el interior de uno de los torreones del lienzo meridional que aún conserva la bóveda de cañón de arco ojival, cuya tracería aún mantiene parte de su policromía original.
La torre del homenaje |