San Jerónimo

Alonso Berruguete
Entre 1526-1537
Madera policromada / 99’5 x 45 x 30 cm
Iglesia de Ntra. Señora de la Soterraña. Sta. María la Real de Nieva (Segovia)

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En la capilla de la Virgen de la Consolación, en la iglesia de Santa María la Real de Nieva, existe un San Jerónimo penitente clasificado como obra de Alonso Berruguete por Pérez Villanueva, en el año 1935, y que desde entonces siempre ha estado incluido en su catálogo. No cabe ninguna duda que la escultura corresponde a la más delicada producción del maestro, en contacto con la sensibilidad del universo italiano del que procedía. Una mera comparación con la estampa que abría Domenico Campagnola sobre el mismo tema, en 1517, pone de manifiesto, sin seguimientos literales, este modo de compartir inquietudes: rasgos descarnados, nerviosos y llenos de fuerza interior y de movimiento.

En el tratamiento formal, en la talla excavada de su anatomía o incluso en la inclusión de esos elementos naturalistas tan cercanos a los utilizados en el retablo de San Benito el Real de Valladolid, como el tronco de la parte posterior, se observa el sello ineludible del maestro. La posición de las piernas evoca recursos miguelangelescos releídos y el tratamiento de la cabeza y los harapos del ropaje encajan con su modo de entender la expresión de la figura humana. No sólo se le puede adjudicar sin duda la paternidad en lo que se refiere a la talla, con todas las peculiaridades compositivas y anatómicas que singularizan su obra, sino también la policromía, compuesta en su polifacético taller y que ilumina con un cromatismo especial a sus creaciones.

El hecho de que forme parte de un retablo escultórico en el que las demás piezas que lo componen no puedan identificarse con la obra del maestro, favorece la sugerente hipótesis de que la obra hubiera llegado allí como producto de esos movimientos aleatorios que sucedieron al proceso desamortizador, desde el monasterio jerónimo de la Mejorada de Olmedo, para el que Berruguete realizaba el retablo mayor en 1523.

Esa propuesta verosímil no despeja sin embargo unas dudas que son, hasta el presente, irresolubles. Reparar en la fundación de la capilla en la que se encuentra el retablo, en la escasa documentación conservada y en la figura del comitente, ha significado reconsiderar que la pieza forme parte del conjunto desde sus orígenes. El patronato de la capilla de la Consolación era adquirido en el año 1539 por el abogado de la Real Chancillería Jerónimo de Virués y su esposa Catalina del Campo, vecinos de Valladolid.

El que San Jerónimo se distancie del resto del conjunto, y que además sea el santo del fundador podría dar lugar a pensar que su llegada fuera una entrega personal del comitente para incorporarse al encargo general del retablo. Los argumentos para que Jerónimo de Virués tuviera una escultura de su patrón tallada por Berruguete, además de los vínculos existentes tanto en Valladolid como en la propia Chancillería, se ven reforzados por otros lazos.

En San Benito de Valladolid vivió fray Alonso Ruiz de Virués (1493-1545) cuyo apellido se liga curiosamente con el del fundador de la capilla de Nieva y si hubiera un parentesco cercano entre ambos, habría mayores razones para especular con un encargo directo de la escultura a Berruguete. Ruiz de Virués, abad de San Zoilo de Carrión y después obispo de Canarias entre 1539 y 1545, tenía un hermano también benedictino y teólogo insigne llamado Jerónimo. Fue un ferviente admirador de Erasmo, lo que le acarrearía algunos problemas con la Inquisición, y traductor de sus Coloquios, así como figura destacada en la corte carolina, gozando de la amistad del poderoso secretario Francisco de los Cobos y del propio monarca, como predicador de la capilla imperial. Fue asimismo el destinatario de la dedicatoria de la obra de Cristóbal de Villalón, Ingeniosa comparación entre lo Antigüo y lo Moderno, publicada en Valladolid en 1539, donde se insertó, uno de los mayores elogios realizados a Berruguete en vida, a quien si los príncipes Philippo y Alexandro vivieran agora… no ovieran thesoros con que se le pensaran pagar.

Manuel Arias Martínez
Subdirector del Museo Nacional Colegio de San Gregorio