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Esta singular caja de escribir o escritorio portátil,
actualmente adaptado para sagrario, es una obra artística excepcional, tanto
por su rareza, como por su primorosa ejecución.
Toda ella realizada con cuidadas labores de damasquinado
en plata, oro y cobre dorado sobre planchas de hierro claveteadas al armazón
de madera, su portezuela está formada por un conjunto arquitectónico
clasicista de tres cuerpos, sobre basamento de decoración romboidal, en el
que aparecen personajes de la Antigüedad vestidos a la moda romana dentro de
hornacinas rematadas en veneras y flanqueadas por columnas toscanas.
Coronando el conjunto, tras los remates superiores de la arquitectura, hay
representada una ciudad ideal en la que descuellan infinidad de edificios
almenados, cuerpos torreados, cubiertas a dos vertientes y galerías
abiertas.
Bajo esta estructura frontal superior, en la que es
evidente la búsqueda de la perspectiva, hay otra inferior en plano inclinado
en la que hay un paisaje formado, de una parte, por una construcción con
arquería de medio punto en la planta baja y ventanales cuadrados en el
primer piso y, de otra, por una escena marítima con dos embarcaciones de
vela –un gran navío en primer término y una galera al fondo- junto a lo que
parece una vista idealizada de un muelle porticado provisto de una
escalinata que llega hasta el agua. Los bordes laterales de esta monumental
portada están rematados por otras planchas, en las que claramente se observa
la continuación del paisaje marítimo citado por su parte superior. Los demás
lados de la pieza están cubiertos por telas de seda beige claro,
entretejidas con hilos de plata que forman motivos florales; las aristas
quedan guarnecidas con tiras de pasamanería dorada. En el interior, para su
transformación en sagrario, se han dispuesto tres espejos enmarcados por
bandas de encaje de hilo de oro. |
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Está comprobado desde muy antiguo el uso de estos
pequeños muebles portátiles cuadrangulares de madera, con puerta o tapa muy
ornamentada y fijada con bisagras, que se apoyaba sobre las rodillas para
poder escribir con cierta comodidad, guardando en su interior los útiles
necesarios para ello (plumas, tinteros, papeles, etc.). Su restauración,
efectuada en el Instituto del Patrimonio Histórico Español, en 1999, por Mª
Elena Martín Martín, propició su primer estudio histórico a cargo de la Dra.
María Jesús Sánchez Beltrán. Por él sabemos de la existencia de otras dos
piezas damasquinadas muy parecidas a la conservada en el convento carmelita
de San José: un pequeño joyero perteneciente a los fondos de la Fundación
Lázaro Galdiano, de origen milanés y fechado en el último tercio del siglo
XVI, y un escritorio realizado en Roma en 1561 por Juan Giamín, donado por
Felipe II en 1569 al monasterio de Guadalupe. Este último, al igual que el
de Medina, fue adaptado para sagrario y actualmente se encuentra en el
retablo mayor de la iglesia del citado monasterio extremeño.
Antonio Sánchez del Barrio
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