La pieza que
presentamos es un plato de loza vidriado en blanco sucio, sin marcas, con
amplia ala definida interiormente por una arista bien marcada. Está
realizado a torno y parcialmente a molde como es el caso del tetón central y
los gallones en relieve poco marcados del ala y dispuestos en zig-zag. La
decoración dorada de reflejo metálico sigue patrones mudéjares en cuanto a
la disposición simétrica y a los motivos simples de gruesa pincelada. Junto
a motivos dispuestos en forma vertical y alterna como atauriques y
“alcachofas” -consistentes en una flor con cuadrícula central y sépalos que
se incurvan-, encontramos temas decorativos secundarios y menudos como
margaritas y tallos vegetales semejantes a helechos. El reverso vidriado
presenta un solero cóncavo y está decorado con motivos espirales y hojas de
helecho.
La técnica del
reflejo metálico de las lozas doradas es genuinamente islámica. En el siglo
X ya era conocida en Al-Andalus una refinada producción en el alfar de
Málaga que le dio gran fama; de ahí que, por extensión, se denominó "obra de
Malica" a toda cerámica que imitaba esta técnica. Esta especialidad pervivió
en la España cristiana transmitiéndose de los alfares islámicos a los
mudéjares. La producción de loza dorada en territorio cristiano se atribuye
tradicionalmente a la llegada de ceramistas nazaríes a Manises durante el
reinado de Jaime II pero, a partir del siglo XVI, la producción de cerámica
de reflejo metálico alcanzó su mayor desarrollo en Aragón destacando, entre
otros, Muel como centro especializado en la fabricación de loza dorada
morisca.
La complejidad
en su elaboración convierte estas lozas en unas manufacturas muy caras. El
brillo dorado de estas cerámicas se consigue mediante una mezcla de sulfuros
de cobre y de plata, peróxido de hierro y bisulfuro de mercurio (cinabrio).
Al calentarla se volatiliza el mercurio, combinándose el azufre con los
metales citados anteriormente. Lo así obtenido, una vez molido, se disuelve
en vinagre fuerte aplicándose luego sobre la superficie de la vasija
previamente esmaltada. La dificultad de esta técnica radica en la ulterior
cocción de la cerámica a baja temperatura en un ambiente reductor (un horno
abundante en humos que absorbe el oxígeno de los óxidos) gracias al cual se
obtienen variadas tonalidades metálicas según la composición de la mezcla
utilizada. La técnica del reflejo metálico es bien conocida gracias a la
descripción que hace Henri Cock, cronista integrante del séquito de Felipe
II, a su paso por Muel (Zaragoza) en 1585, que la describe del siguiente
modo: “para que toda la vajilla hagan dorada, toman vinagre muy fuerte
con el cual mezclan como dos reales de plata en polvo y bermellón y almagre
y un poco de alambre (cobre), lo cual todo mezclado escriben con una
pluma sobre los platos y escudillas todo lo que quieren y los meten tercera
vez en el horno, y entonces quedan del color de oro que no se les puede
quitar hasta que se caigan en pedaços”.
En todos los
casos, los repertorios decorativos de la loza dorada denotan influencias
mudéjares: una abigarrada envoltura ornamental dispuesta en multitud de
pequeños espacios que, a su vez, están rellenos de motivos que obedecen al
principio de repetición y de alternancia, siguiendo unos ejes de simetría.
Entre los elementos decorativos son frecuentes los motivos vegetales
dispuestos perpendiculares complementados con hojitas exentas, cenefas con
hojas de helecho, roleos de flores de puntos, cuadrados con palmetas, hojas
de hiedra con tallos terminados en flores y hojas, bandas con triángulos
contrapuestos, espacios rellenos de líneas paralelas y espirales. A
principios del siglo XVI tuvieron lugar las mayores innovaciones técnicas y
estéticas; así, comienzan a generalizarse las lozas fabricadas parcialmente
a molde que dan como resultado el tetón central de los platos y los gallones
e imbricaciones en relieve. A partir de este momento, las decoraciones son
exclusivamente doradas y tienen su fuente de inspiración en la vajilla
metálica, hecho que ha llevado a algún estudioso a utilizar el término de
“estilo orfebre” para designarlas.
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