PIEZA DEL MES


MAYO 2008

Custodia - expositor

Anónimo castellano (la custodia) / Anónimo flamenco (el medallón)
Primera mitad del siglo XVI
Cobre repujado, cincelado y dorado. Bronce fundido y  dorado. Nácar tallado
53 x 22 x 15 cm.
Museo Interparroquial de Alaejos (procede de la Iglesia de Sta. María de la Asunción)


En el contexto que este año se ha dado a la actividad denominada “la Pieza del Mes”, presentando obras procedentes de Museos de la provincia de Valladolid, la Fundación Museo de las Ferias ha seleccionado para el presente mes de mayo una singular obra procedente del Museo Interparroquial de Alaejos, espacio ubicado en la Iglesia de Santa María de esta localidad, donde se expone una interesante colección de obras de arte sacro: esculturas, pinturas, textiles, marfiles,… y sobre todo un importante conjunto de obras de orfebrería. La pieza seleccionada es una custodia - expositor que presenta un extraordinario medallón circular de nácar tallado de origen flamenco en el que se representa la escena de la Crucifixión.

Denominada hasta ahora “portapaz”, término que no le corresponde por sus dimensiones y formas, resulta ser una pieza compleja a la vez que excepcional, no por la parte metálica, que responde a una tipología propia de mediados del s. XVI, sino por la pieza de nácar tallado. La custodia, realizada en cobre y bronce sobredorado, presenta pie poligonal, astil abalaustrado, nudo ajarronado y parte superior circular, con decoraciones de ovas, cueros recortados y serafines alados. Todo se configura como una custodia, propia de esta época, por dimensiones, materiales y decoración.

La originalidad reside en el bajorrelieve central tallado en nácar. No es habitual encontrar piezas con esta composición. Se desconoce si es una custodia, a la que se le suprime el viril y se le acopla este bajorrelieve, o si intencionadamente se realiza todo el conjunto para acoger dicha pieza. Lo que no se puede dudar es que se le quiso dar la máxima relevancia, por la forma de presentarla y porque en la parte posterior y realizado en cobre dorado, aparece un escudo compuesto por dos perros afrontados a los lados de un árbol (encina), blasón del donante o mecenas.

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La talla del nácar es difícil y arriesgada por la facilidad con que se desprenden las capas. Procedente de la parte interna de la concha de diversos moluscos, su apariencia es blanca brillante y con reflejos iridiscentes, compuesto de minúsculas plaquetas hexagonales de aragonita unidas por la conquiolina, aglutinante  orgánico.

El motivo que representa, la Crucifixión, refleja una clara estética flamenca de principios del siglo XVI. El Cristo crucificado en el centro se acompaña de otras dos cruces, donde debieron de estar los dos ladrones hoy desaparecidos. Éstos muy probablemente debieron de presentar posiciones retorcidas y arriesgadas, recordando el Calvario procedente del antiguo retablo de San Martín, en Medina del Campo. La presencia abigarrada de pequeñas figuras -se contabilizan hasta treinta y cinco, sean a pie o a caballo- nos recuerdan las pinturas y relieves flamencos de la zona de Brabante, que llegaban a España y en particular a las ferias de Medina del Campo. Idénticos parecidos resultan los personajes a caballo por la minuciosidad con que se plasman los arneses, armaduras, tocados, armas y texturas de los ropajes. Asimismo, las cruces de los ladrones en “thau”, el ángel sobre la cruz de Dimas y el demonio sobre la de Gestas, así como la Magdalena abrazada al pie de la cruz con la melena zigzagueante o la insinuante presencia de arquitecturas en la lejanía, nos recuerdan los trabajos de los alabastros flamencos, pero con mayor delicadeza y precisión.








Ahora bien, si los aspectos técnicos, estéticos y cronológicos están claros, lo que no se puede concretar es la finalidad original del relieve. Si atendemos a los escasos estudios de piezas con cierta similitud, habría que pensar en tres posibilidades. La primera que fuera un motivo para decorar un relicario que expusiera algún resto relacionado con la Crucifixión. La segunda, que fuera un gran pectoral, perteneciente a alguna importante dignidad eclesiástica (véase el pectoral de la escultura del Obispo Barrientos en el Museo de las Ferias de Medina del Campo). Y la tercera, que fuera la parte posterior de una antigua patena. Estudios estilísticos de la evolución de las patenas citan que algunas de ellas poseían relieves tallados en su parte posterior. En todo caso, cualquiera que fuera su finalidad primitiva, podemos afirmar que esta pieza de Alaejos es de una gran calidad, tanto por las dimensiones, los materiales, las técnicas utilizadas, las influencias estéticas y su presentación.

José Manuel Casado Paramio