PIEZA DEL MES - MAYO 2003


Naipes de baraja española
Xilografías coloreadas. Finales del XVI - XVII
88 x 60 mm

Cinco de copas, As de bastos, Ocho de espadas,
Siete de espadas, Cuatro de bastos y Ocho de espadas
Archivo Simón Ruiz (depositado en Archivo Histórico Provincial de Valladolid)

Sota de oros, Nueve de copas, Tres de espadas,
Archivo Histórico Provincial de Valladolid (Protocolos notariales)


Se cree que los primeros juegos de cartas fueron ejemplares bastante exclusivos realizados naipe a naipe por auténticos artistas. A partir del siglo XV se aplica la técnica de la xilografía para grabar los dibujos de los naipes sobre tacos de madera y de esta manera se inicia la estampación seriada de pliegos xilográficos con las figuras de la baraja.

Durante los siglos XV y XVI su fabricación está estrechamente ligada a la producción de estampas en general. Además de la formación artesanal era precisa una estructura comercial: un editor, un vendedor más un grabador que, a veces, podía coincidir con el primero y el segundo. Ello nos lleva a pensar en una inversión de capital con el fin de alcanzar unas ganancias y en el establecimiento de una red de distribución entre los centros de producción y los consumidores finales. En Castilla fueron grandes centros productores Salamanca, Medina del Campo y Valladolid, y más allá de nuestras fronteras Thiers, Rouen, Lyon y Toulouse. Estampadores y grabadores franceses tuvieron estrechas relaciones con España a través de socios que actuaban en nuestro país como activos comerciantes.

El primer acercamiento de la ley a los naipes fue para regular el juego o para prohibirlo. En 1387 el rey Juan I de Castilla prohibía el juego de naipes, mientras que los Reyes Católicos, en una Pragmática dada en Toledo en 1480, establecen normas que lo regulan, refrendadas después por la reina Juana con nuevas disposiciones en 1515. Carlos V promulga leyes regulando los juegos y, con este fin, dicta unas ordenanzas en Toledo en 1524 estableciendo los juegos que estaban permitidos y el límite máximo de las apuestas admitidas. Viendo que la fabricación y venta de naipes podía aportar grandes beneficios a la Hacienda Real, este último monarca establece el estanco de naipes en tierras castellanas en 1543. El monopolio de la venta de naipes en el reino de Castilla fue concedido por un período de diez años a Rodrigo de Dueñas, banquero de Medina del Campo, que adquiría las barajas a un precio reglamentado y estaba autorizado a venderlas por un precio superior a cambio de una contribución establecida en 1.300.000 maravedís que, según las crónicas, se emplearon en reforzar las fronteras del norte de la Península, sufragando las fortificaciones de San Sebastián y Fuenterrabía. Acabado el arrendamiento o asiento de Rodrigo de Dueñas, el monopolio pasó al genovés Agustín Spínola, estante en Medina del Campo, por 300.000 ducados anuales durante un período de seis años. Cada baraja vendida contribuía a la Real Hacienda con medio real. Pero, según sabemos por Cristóbal Espejo y Julián Paz en su libro Las antiguas ferias de Medina del Campo, este banquero genovés cedió todo o parte de sus derechos a Esteban de Negrón, vecino de Medina, y a un sobrino de éste, Marco Antonio de Bibaldo, ambos cambistas, a cambio de satisfacerle 2.065.000 maravedís.

Sobre la abundancia de naipes que debían venderse en las ferias de Medina del Campo los autores antes citados mencionan en 1574 la cantidad de 100 cajas de 45 docenas de barajas cada una, que fueron estampadas en Burgos a cargo de Cristóbal de Medina. Del total de 54.000 barajas fueron vendidas 37.800 a 38 mrs. cada una, por lo que es de suponer que el juego de cartas en Medina del Campo, centro populoso y más en ferias, estaría muy extendido. Aunque los juegos de envite y azar estuvieran prohibidos, son muchos los pleitos seguidos ante la Real Chancillería de Valladolid por deudas de juego.

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El naipe es algo tan frágil que, si no es por circunstancias extraordinarias, se puede considerar un objeto efímero. Su hallazgo o conservación casi siempre se debe a que fuera reutilizado adhiriéndose a un material más rígido como las tapas de un libro o como relleno de encuadernación. En el caso de estos nueve naipes que presentamos, la circunstancia que les ha permitido llegar hasta nosotros es que fueron usados como tejuelos cosidos a libros de protocolos notariales y otros legajos del Archivo de Simón Ruiz. Pertenecen a barajas diferentes pero tienen algunas características comunes. Así, ninguno de los naipes va numerado, todos ellos han sido coloreados por el sistema de "trepas" (estarcido con pincel mediante la utilización de cartulinas recortadas a modo de plantillas), el reverso es de color blanco salvo en tres casos (uno de los 8 de espadas, el 9 de copas –posiblemente ambos de la misma baraja- y el As de bastos), los naipes están hechos con tres hojas: una para el anverso con el dibujo de la carta, otra para el reverso y una lámina central más oscura, el alma o "mano gris", que le da consistencia y opacidad.
 

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Fernando Ramos González