|

Los fondos presentan paisajes y
arquitecturas que son habituales en las composiciones flamencas, y que hacen
referencia a la ciudad santa de Jerusalén; en este marco se distinguen tres
escenas secundarias: a la izquierda un grupo de personas se dirige hacia la
entrada de la ciudad, en el centro un hombre aparece colgado de un árbol (en
alusión a Judas), siendo contemplado por dos jinetes y varios acompañantes, y a
la derecha la escena que representa la preparación del santo sepulcro.
Los ricos ropajes adamascados que lucen varios de los personajes representados
recuerdan, además de la alta condición social aludida en las Escrituras, la
indumentaria acostumbrada en las representaciones teatrales de cuño medieval que
tanto influyeron en la difusión de escenas pasionales como la presente.
Entre los detalles
particulares que pueden apuntarse para relacionar esta obra con otras
afines de la misma cronología, cabe destacar el aspecto cadavérico del
rostro de Cristo, la finura y delicadeza de los plegados de las tocas y
del manto de San Juan, así como la forma minuciosa de componer las
arquitecturas y los arbolados representados en los fondos; no obstante, a
pesar de que dichas características ofrecen signos distintivos del anónimo
maestro que realizó la obra, no nos permiten determinar su identificación.
 |
Desconocemos cuándo y en
qué circunstancias se incorpora esta excelente tabla a los bienes
conservados en el antiguo templo de la Compañía de Jesús en Medina del
Campo. Sin descartar una donación de sus principales protectores, Pedro
Quadrado y Francisca Manjón (él fue un rico mercader que comerció
activamente en los Países Bajos), o su llegada con motivo de las sucesivas
refundiciones parroquiales (una vez convertido el templo en parroquial de
Santiago); lo cierto es que su procedencia puede muy bien relacionarse con
una época en la que Medina del Campo ocupaba un lugar singular en el
comercio de obras de arte venidas de los Países Bajos y Flandes. La tabla
representa la Lamentación sobre Cristo muerto, escena muy repetida en el
arte cristiano y no recogida en ningún relato evangélico. Se conocen
muchas variantes de los personajes. Aquí, José de Arimatea y Nicodemo
están situados a la izquierda del espectador, el primero -como es
habitual- sostiene el cuerpo muerto de Jesús y el segundo muestra la
corona de espinas; San Juan y María Salomé auxilian a la Virgen, mientras
que María Magdalena, identificada por el tarro de esencias que lleva en
sus manos, aparece en segundo plano junto a la cruz; las dos restantes
Santas Mujeres aparecen, como el esto de las figuras, en actitud dolorosa
cerrando el conjunto.
|