Virgen de la leche

Círculo de Joos van Cleve
Hacia 1520

Óleo sobre tabla de roble / 35,7 x 24,5 cm
Iglesia de El Salvador. Valladolid

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La representación de la Virgen dando el pecho a su Hijo es un tema recurrente en la pintura de los Países Bajos de los siglos XV y XVI, lo que ha propiciado la existencia de numerosas versiones y variantes. El tipo iconográfico viene de muy lejos y, en opinión de Réau, quizá sea el más antiguo de los dedicados a María, en tanto que la Virgen nutricia aparece ya en las civilizaciones antiguas y se cristianiza muy pronto, conociéndose representaciones desde el siglo II, como la pintura mural de la catacumba de Priscila, en Roma.

En nuestro caso, la Virgen y el Niño aparecen de medio cuerpo, ante una mesa (?) de madera en la que hay depositadas una pera, media nuez y una manzana; los cubre un dosel carmesí con bordados dorados del que cuelgan cinco borlas; el fondo es un paño oscuro con dos tiras verticales también doradas, junto al que se abre una ventana en la que se deja ver un paisaje campestre formado por una casa de cubierta vegetal, emplazada al pie de un río y rodeada de una frondosa arboleda; varias figuras esbozadas de campesinos y animales animan el conjunto. La Virgen muestra un rostro ovalado, de facciones delicadamente abombadas y cejas apenas esbozadas, que dirige la mirada al Niño; viste un manto verde azulado rematado con una cenefa dorada y una camisa de mangas encarnadas con puños de piel; en la cabeza luce un vaporoso velo con numerosos pliegues, sujeto con una diadema de perlas y pedrería, que cubre buena parte de una larga cabellera rubia recogida en dos trenzas. El Niño, también de pelo rubio muy rizado, se abraza al pecho de su madre mientras mira al espectador. Todas estas características de estilo y composición, unidas al tipo de soporte, una fina tabla de roble, nos inducen a pensar en una casi segura procedencia flamenca de la obra.

La pintura fue dada a conocer en 1964 por el profesor Caamaño (BSAA, t.XXX, Valladolid, 1964, pp.328-329), al poco tiempo de ser donada por un particular a la iglesia de El Salvador de Valladolid. En el mencionado estudio se advertía su estrecha semejanza con otras obras nacidas en los talleres de Joos van Cleve y Jan Gossaert, así como con la producción pictórica de varios artistas seguidores de los referidos maestros. Analogías de dibujo y estilo, composición e iluminación de las figuras, aconsejaron entonces su atribución al círculo del primero de los pintores citados, durante su etapa profesional en Amberes, en las primeras décadas del siglo XVI, antes de volcar su interés por los modelos de la pintura italiana.

Concluimos mostrando las analogías que encontramos entre la tabla de la iglesia de El Salvador con otras dos también adscritas al taller de Joos van Cleve. En primer lugar, con la titulada “Madonna y el Niño” conservada en el Nelson-Atkins Museum of Art de Kansas City: ambas parecen copiadas de un mismo modelo (si es que una no lo es de la otra), aunque en ésta no aparezcan ni la ventana abierta al paisaje rural y ni las frutas del bodegón; en segundo término, con otra tabla del mismo tema y parecidas dimensiones que se custodia en la iglesia de San Lorenzo de la localidad soriana de Yanguas, en cuyo caso  las figuras aparecen dispuestas de modo especular respecto a la de Valladolid. En suma, creemos que la atribución propuesta hace ahora medio siglo ha de mantenerse por el momento hasta conocer nuevos datos o informaciones concretas de la pieza, de cuya historia particular tan sólo sabemos los nombres, quizá de anteriores propietarias, de “María” e “Ynés de…”, escritos a tinta en el reverso de la tabla.

Antonio Sánchez del Barrio