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La obra artística de Francisco Martínez (Valladolid 1574
– Medina del Campo 1626), se enmarca en el contexto de la escuela
vallisoletana del siglo XVII de la que fue, junto con Bartolomé de Cárdenas
y Diego Valentín Díaz, un destacado exponente. De merecida fama como
retratista y policromador de retablos y esculturas, su obra conocida
-dedicada casi exclusivamente a temas religiosos- no llegó a la calidad de
la producción artística de su padre, el pintor Gregorio Martínez, con quien
se formó profesionalmente.
Durante su vida estuvo al frente de un acreditado taller
del que salieron numerosos retablos y conjuntos artísticos encargados por
parroquias, conventos, cofradías y particulares. Llegó
incluso
a trabajar en varias ocasiones con el maestro Gregorio Fernández,
conociéndose sus composiciones por el buen trazo de su dibujo y el uso
discreto de colores de tonos fríos y poco vivaces.
A su etapa de madurez pertenece el cuadro que presentamos
como "Pieza del Mes" de marzo en el Museo de las Ferias, La Virgen del
Rosario, del que hemos de decir, en primer término, que su concepción
compositiva se ajusta a lo que etimológicamente significa la palabra
rosario: corona de rosas; y más concretamente, una corona formada por
ciento cincuenta rosas de tonos blancos y rosados repartidas en quince
grupos de diez flores cada uno, que corresponden a los quince misterios (los
pequeños rosarios de cuentas utilizados en el rezo de esta plegaria suelen
tener la disposición reducida, estando compuestos por cincuenta bolas de
cuenta repartidas en cinco decenas).Esta gran corona de rosas aparece en el
cuadro rodeando la escena central y está formada por una aureola de
medallones circulares que separan cada una de las quince decenas de flores;
en ellos están representados los quince misterios fundamentales de la vida
de Jesús y María, a saber (desde la parte superior y siguiendo el sentido de
las agujas del reloj): los misterios gozosos: La Encarnación, la Visitación,
el Nacimiento de Jesús, la Purificación de la Virgen y Jesús entre los
Doctores; los misterios dolorosos: la Oración en el huerto, la Flagelación,
la Coronación de espinas, el Camino del calvario y la Crucifixión; y los
misterios gloriosos: la Resurrección, la Ascensión, Pentecostés, la Asunción
y la Coronación de la Virgen. |
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Respecto a la Virgen del Rosario, su modelo iconográfico
es el más depurado de los propuestos por Réau en su Iconografía del arte
cristiano, ya que aparece desprovista de contaminaciones arcaicas
tomadas de otras representaciones marianas (de la Misericordia o de los
Siete Cuchillos). En nuestro caso, María está sentada con el Niño sobre su
regazo, rodeada por una corte de angelitos y querubines, dos de los cuales
la coronan con rosas. Es muy significativo que no aparezca Santo Domingo
recibiendo el rosario o algún santo dominico en alusión a la orden que tanto
difundió esta tardía devoción.
El primero en atribuir esta obra a Francisco Martínez fue
Jesús Urrea en su artículo "Notas a la exposición vallisoletana ‘Antonio de
Pereda’" (Valladolid, 1979). Aceptando esta asignación, hemos de suponer que
el artista realizaría el cuadro en los primeros años de la década de 1620,
ya que en 1622 estaba trabajando en la Colegiata en la hechura de cuatro
lienzos dedicados a otros tantos pasajes de la infancia de Jesús, para el
primitivo retablo mayor de la capilla de las Angustias (actualmente están
dispuestos en los retablos colaterales). También a esos años hay que
remontar otras obras de este pintor conservadas en Medina del Campo como el
pequeño retablo en que actualmente se halla la Virgen de la Expectación, en
la parroquia de Santiago (con cuatro Santos pintados en su banco); o el
cuadro de la Aparición del Nazareno a San Juan de la Cruz, del convento de
Padres Carmelitas descalzos.
Antonio Sánchez del Barrio
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