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Con
la colección de matracas que se muestra durante este mes de marzo
en el Museo de la Ferias como "Pieza del mes", se quiere
recordar un lenguaje prácticamente desaparecido, realizado con
estos instrumentos, que tenía una significación especial durante
el Tiempo de Pasión y la Semana Santa.
En
efecto, muchos aún recuerdan cómo las grandes matracas y
carracones instalados en torres y espadañas tenían como función
principal sustituir a las campanas en su lenguaje de horas y avisos
durante los días del triduo sacro, concretamente desde la hora nona
del Jueves Santo hasta las tres de la tarde del Sábado (norma ya
indicada por el Ordo Romanus en el s.XI). Antonio Lobera, en El porqué de todas las ceremonias de la Iglesia... (Madrid, 1853),
recuerda al respecto que "antiguamente,
se llamaba al pueblo haciendo ruido con unos leños, los que
llamaban 'ligna sacra'"; en esta interesante obra,
compuesta a modo de catecismo de preguntas y respuestas entre dos
personajes (un "curioso" y el Vicario), se nos ofrece una
explicación mística de este cambio de instrumentos (había sido ya
recogida por Guillermo Durando en los comienzos del s.XIV): A la
pregunta de "Curioso": "-¿Por
qué no se tocan las campanas en los tres días de la Semana Santa?",
responde el Vicario: "-Porque
las campanas son símbolos de los Prelados, Pastores y Predicadores
Evangélicos, y todos cesaron y enmudecieron, huyendo en su Santísima
Pasión en aquellos tres días que estuvo Cristo Señor nuestro en
el Sepulcro". De este modo, durante el tiempo de Pasión
debían enmudecer las campanas y sólo "hablar los leños",
en recuerdo del árbol de la cruz donde murió Cristo, único
mensajero de la fe en aquellos momentos. Son
muchas aún las iglesias y catedrales en cuyo interior se conservan
estos artefactos de madera, hoy en desuso, que sorprenden por la
extrañeza de sus formas y por su enorme aparatosidad. La matraca
-del árabe mitraqa=martillo,
y éste de táraq=golpear-
es, desde el punto de vista organológico, un instrumento idiófono
percutido que, según su morfología, puede ser de tipo simple o
compuesto. Las matracas simples constan de una madera provista de
uno o más mazos, martilletes o aldabas que al sacudirse golpean en
aquélla produciendo ruido (pueden tener o no mango), definición
que recuerda la enunciada por el maestro Cobarruvias en su Tesoro de la Lengua... (Madrid, 1611). De este tipo se muestran dos
matracas, una de un mazo y otra de cuatro aldabas (junto con dos
carracas), procedentes de los fondos de la Fundación Joaquín Díaz.
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Matraca
de cuatro aldabas
Siglos XIX-XX.
Fundación Joaquín Díaz |

a) Carraca de dos lengüetas
Siglo XX.
Fundación Joaquín Díaz
b) Carraca de una lengüeta
Siglo
XX..
Fundación Joaquín Díaz |

Matraca
de un mazo
Siglos XIX-XX. Fundación
Joaquín Díaz |

Matraca
de la Colegiata de San Antolín
Colegiata de San Antolín |
Conviene,
por último, recordar que las matracas, junto con las carracas,
tablillas, simandras y otros objetos "ruidófonos", eran
utilizados fundamentalmente durante el desaparecido oficio de las
Tinieblas, en el momento que la liturgia indicaba que los fieles
hicieran "un poco de ruido". Aunque las parroquias, cofradías
y otras entidades tuvieran las suyas propias para los oficiantes de
la ceremonia, los asistentes llevaban de casa su matraca o su
carraca para la ocasión. Muy resumidamente, el rito de las
Tinieblas comenzaba con el encendido de las velas del tenebrario,
candelabro triangular de quince velas, siete a cada lado y una en el
vértice, colocado cerca del altar; llegado el momento preciso, las
velas se iban apagando, primero la más baja del lado del Evangelio,
luego la más baja del lado de la Epístola y siguiendo este orden
alterno hasta llegar a la del vértice superior, la "vela María",
representación de Jesucristo, luz del mundo. Al terminar la antífona
del Benedictus, y cuando
se empezaba a cantar el Christus
factus est, dicha vela, siempre encendida, se ocultaba detrás
del altar y con el templo absolutamente a oscuras los fieles hacían
"un poco de ruido, que
significa la confusión que hubo a la muerte de Cristo" según
Diego Uña en su Liturgia de
la Iglesia (1941); en otras obras religiosas como el Año Litúrgico de Próspero Gueranger (Burgos, 1956, t.II) este
ruido expresaba "las
convulsiones de la naturaleza" en el momento de la muerte
de Jesucristo, y de aquí que recuerde el temblor de la tierra,
resquebrajado de rocas y apertura de sepulcros.
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Las
matracas de tipo compuesto, de construcción más elaborada y
generalmente de mayor tamaño que las anteriores, están formadas
por un mecanismo giratorio que puede ser: un cilindro dotado de púas,
dientes o palos que levantan varios mazos de forma alternativa
produciendo un entrechoque continuo sobre un cajón o una tabla
(recuerda el funcionamiento de un batán); o un eje con manivela
sobre el que hay dispuestas varias tablas formando aspas, entre las
cuales cuelgan varias mazas, prismas o esferas de madera que las
golpean cuando se da movimiento al conjunto; éste último caso se
acerca más a la primera acepción ofrecida por el Diccionario
de la Real Academia Española. Precisamente
al último de los tipos propuestos, al de las matracas compuestas
con aspas, corresponde la gran matraca de la Colegiata de San Antolín
(expuesta en la presente ocasión). Es del mismo tipo que la "matracca"
recogida en la lámina CXIX (p.177) de la obra de Filippo Bonanni Descrizione degl'istromenti armonici d'ogni genere (Roma, 1776). De
grandes proporciones, estuvo instalada desde siglos en el ventanal
derecho del muro de la torre que mira a la Plaza Mayor, justamente
debajo de un esquilón denominado popularmente "campano";
conserva aún varios mazos esféricos cuyos repiqueteos de aviso a
los oficios, de cuartos, medias y horas, el toque del ángelus, a
tinieblas, etc. llegaba a oírse en buena parte de la villa durante
los días arriba citados de la Semana Santa; su estruendoso ruido
recuerda lo que ya Tirso de Molina escribía en su cuento Los tres maridos burlados acerca de la matraca: "hace
un son desapacible para los que despiertan y le conocen, y espantoso
para los que coge desapercibidos".
PIEZAS DEL MES. MUSEO DE LAS FERIAS. AÑO
2002
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Filippo
Bonanni
Descrizione degl'istromenti armonici d'ogni genere
Roma, 1776 |
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