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EL
COMERCIO DEL ARTE CON ORIENTE
Coincidiendo con las grandes ferias de Medina del Campo del
siglo XVI, en el ámbito español de ultramar existieron otros dos focos
comerciales de singular relevancia: las ferias de Manila, en Filipinas, y las de
Acapulco en México.
A partir del descubrimiento de la "ruta del Galeón de
Acapulco" en 1565, por Urdaneta y Legázpi, las mercancías procedentes del
Oriente, afluían desde los puertos del sur de China a las grandes ferias
celebradas en Manila. Allí, los comerciantes chinos vendían los productos
exóticos a comerciantes españoles o novo hispanos, quienes las cargaban en los
galeones hasta el puerto de Acapulco en el Pacífico. La llegada de la Nao de
Manila a México, suponía volver a celebrar otra gran feria, a partir de la cual
los productos orientales se distribuían por el continente americano y, el resto,
al comercio español; las mercancías eran transportadas a lomos de caballerías
hasta Veracruz, en el Atlántico, donde se cargaban en las naves españolas con
destino principalmente a Sevilla. Hasta las ferias de Medina del Campo llegaban
estos apreciados productos orientales, como lugar donde la demanda de objetos
lujosos y gran exotismo era muy grande. Está constatada la llegada de obras de
marfil a Medina, y no sólo de piezas hispano-filipinas, sino también de las de
influencia portuguesa o luso-india, por la numerosa asistencia de mercaderes
lusos a las ferias medinenses y por la dependencia de muchas compañías
comerciales existentes en Portugal.
El marfil, material de
lujo y alta estima, significaba prestigio, poder económico y social para
su poseedor. Este Cristo de marfil procedente de la iglesia de Santiago
–antes Colegio de jesuitas-, debió de seguir la misma ruta del Galeón de
Acapulco hasta Medina. Su clasificación como hispano-filipino del siglo
XVII, revela un conjunto de influencias artísticas que lo llenan de
contenido. Es una obra de arte realizada bajo influencias españolas,
filtradas a través de América, tallada en Filipinas, pero por chinos
residentes en este archipiélago.
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Los sangleyes o chinos de
Filipinas, urgidos por la demanda de obras religiosas cristianas, atendían los
pedidos españoles teniendo como modelos esculturas, estampas o grabados enviados
desde la metrópoli, pero sin olvidar los rasgos de la anatomía oriental. Por
ello, los ojos se muestran rasgados, con párpados abultados realizados en doble
brida, configurando un rostro de pómulos salientes y resto de anatomía oriental.
Las venas de los brazos en resalte no son propias de su cronología, pero por la
tonalidad general de la anatomía girando hacia lo blando ha de encuadrarse en la
segunda mitad de dicho siglo. En general, tanto la configuración facial como
anatómica denotan introspección, hieratismo y ausencia de expresión anímica,
características propias de su origen oriental y, sin duda, altamente apreciadas
en la metrópoli.
José Manuel Casado Paramio
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