PIEZA DEL MES - ENERO 2001


Cristo crucificado

Anónimo hispano filipino
Siglo XVII
Marfil y madera /
44 x 35 x 4 cm (Cristo) 90 x 54 x 2 cm (cruz)

Iglesia de Santiago el Real. Medina del Campo
(obra depositada en el Museo de las Ferias)
 


 

 

 

 

 


El comercio de arte con Oriente

Coincidiendo con las grandes ferias de Medina del Campo del siglo XVI, en el ámbito español de ultramar existieron otros dos focos comerciales de singular relevancia: las ferias de Manila, en Filipinas, y las de Acapulco en México.

A partir del descubrimiento de la "ruta del Galeón de Acapulco" en 1565, por Urdaneta y Legázpi, las mercancías procedentes del Oriente, afluían desde los puertos del sur de China a las grandes ferias celebradas en Manila. Allí, los comerciantes chinos vendían los productos exóticos a comerciantes españoles o novo hispanos, quienes las cargaban en los galeones hasta el puerto de Acapulco en el Pacífico. La llegada de la Nao de Manila a México, suponía volver a celebrar otra gran feria, a partir de la cual los productos orientales se distribuían por el continente americano y, el resto, al comercio español; las mercancías eran transportadas a lomos de caballerías hasta Veracruz, en el Atlántico, donde se cargaban en las naves españolas con destino principalmente a Sevilla. Hasta las ferias de Medina del Campo llegaban estos apreciados productos orientales, como lugar donde la demanda de objetos lujosos y gran exotismo era muy grande. Está constatada la llegada de obras de marfil a Medina, y no sólo de piezas hispano-filipinas, sino también de las de influencia portuguesa o luso-india, por la numerosa asistencia de mercaderes lusos a las ferias medinenses y por la dependencia de muchas compañías comerciales existentes en Portugal.

El marfil, material de lujo y alta estima, significaba prestigio, poder económico y social para su poseedor. Este Cristo de marfil procedente de la iglesia de Santiago –antes Colegio de jesuitas-, debió de seguir la misma ruta del Galeón de Acapulco hasta Medina. Su clasificación como hispano-filipino del siglo XVII, revela un conjunto de influencias artísticas que lo llenan de contenido. Es una obra de arte realizada bajo influencias españolas, filtradas a través de América, tallada en Filipinas, pero por chinos residentes en este archipiélago.

Los sangleyes o chinos de Filipinas, urgidos por la demanda de obras religiosas cristianas, atendían los pedidos españoles teniendo como modelos esculturas, estampas o grabados enviados desde la metrópoli, pero sin olvidar los rasgos de la anatomía oriental. Por ello, los ojos se muestran rasgados, con párpados abultados realizados en doble brida, configurando un rostro de pómulos salientes y resto de anatomía oriental. Las venas de los brazos en resalte no son propias de su cronología, pero por la tonalidad general de la anatomía girando hacia lo blando ha de encuadrarse en la segunda mitad de dicho siglo. En general, tanto la configuración facial como anatómica denotan introspección, hieratismo y ausencia de expresión anímica, características propias de su origen oriental y, sin duda, altamente apreciadas en la metrópoli.

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José Manuel Casado Paramio