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Cristo
crucificado |
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EL COMERCIO DEL ARTE CON ORIENTE Coincidiendo con las grandes ferias de Medina del Campo del
siglo XVI, en el ámbito español de ultramar existieron otros dos focos
comerciales de singular relevancia: las ferias de Manila, en Filipinas, y las de
Acapulco en México. El marfil, material de lujo y alta estima, significaba prestigio, poder económico y social para su poseedor. Este Cristo de marfil procedente de la iglesia de Santiago –antes Colegio de jesuitas-, debió de seguir la misma ruta del Galeón de Acapulco hasta Medina. Su clasificación como hispano-filipino del siglo XVII, revela un conjunto de influencias artísticas que lo llenan de contenido. Es una obra de arte realizada bajo influencias españolas, filtradas a través de América, tallada en Filipinas, pero por chinos residentes en este archipiélago. Los sangleyes o chinos de Filipinas, urgidos por la demanda de obras religiosas cristianas, atendían los pedidos españoles teniendo como modelos esculturas, estampas o grabados enviados desde la metrópoli, pero sin olvidar los rasgos de la anatomía oriental. Por ello, los ojos se muestran rasgados, con párpados abultados realizados en doble brida, configurando un rostro de pómulos salientes y resto de anatomía oriental. Las venas de los brazos en resalte no son propias de su cronología, pero por la tonalidad general de la anatomía girando hacia lo blando ha de encuadrarse en la segunda mitad de dicho siglo. En general, tanto la configuración facial como anatómica denotan introspección, hieratismo y ausencia de expresión anímica, características propias de su origen oriental y, sin duda, altamente apreciadas en la metrópoli.
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