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En las grandes ferias de Medina
del Campo, durante la segunda mitad del siglo XVI y primeras décadas del
XVII, era frecuente encontrar pequeños "cuadros de devoción" pintados al
óleo sobre finas planchas de cobre, mostrando escenas piadosas de la vida de
Jesús, María o personajes del Santoral. Prueba de ello son las numerosas
referencias que se hacen a este tipo de obras en inventarios de mercaderes y
otros documentos de la época ligados al comercio de obras de arte. Los
cobres pintados, en ocasiones importados de tierras de Flandes e Italia,
eran generalmente deudores de composiciones originales difundidas en
estampas, elaboradas sobre todo por maestros flamencos y alemanes, cuyas
series de grabados también eran comerciadas al por mayor en estas reuniones
feriales.
A dicho conjunto de obras de devoción pensamos que
corresponde este óleo que representa la rara iconografía denominada "Las Dos
Trinidades" o "La Trinidad en la Tierra", en el que aparece, en la parte
inferior, la Sagrada Familia con Jesús entre la Virgen y San José tomados de
la mano y, en la parte superior, Dios Padre y el Espíritu Santo rodeados por
una corte celeste de ángeles y querubines. Precisamente la paloma blanca que
representa a la Tercera Persona de la Trinidad porta una corona de espinas
que está destinada a Jesús, al tiempo que los dos ángeles de cuerpo entero
que lo flanquean depositan, respectivamente, sobre la cabeza de María una
corona imperial y sobre la de San José otra de flores; tres coronaciones
alegóricas diferentes cargadas de símbolos místicos.
En los fondos destaca un cielo azul bajo el que se
recorta, tras las túnicas de los personajes de la Sagrada Familia, un
precioso paisaje urbano compuesto con las mismas tonalidades azuladas. Por
su parte, la figura de busto de Dios Padre aparece bendiciendo y con el orbe
en su mano izquierda, mientras que la corte celestial emerge de un celaje de
ricos matices. Aunque aún no ha podido identificarse el grabado en el que se
basa la composición, podemos recordar una xilografía parecida de este mismo
tema que realizó Christoffel van Sichem.
La calidad técnica de la pintura es extraordinaria, con
una intensidad cromática sorprendente, presentando un excelente estado de
conservación, muy probablemente debido a un cuidado especial mostrado por
sus sucesivos poseedores, entre los que suponemos estaban Don Lorenzo
Fernández de Larrea y Jerónimo Becerra de Torres, nombres que nos son
desconocidos y que aparecen escritos en la cara posterior del cobre.
Antonio Sánchez del Barrio
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