Santiago Peregrino
Talleres de Juan Rodríguez, Pedro de Salamanca e
Isidro de Villoldo
1539-1543
Escultura en madera policromada / 83 x 40 x 25 cm.
Colegiata de San Antolín. Medina del Campo
Adelantándonos al mes de julio en el que se
celebrará la festividad de Santiago en pleno Año Santo Jacobeo, hemos
querido exponer en el contexto del ciclo expositivo "La Pieza del Mes", la
que quizá sea la mejor representación artística que se conserva en Medina
del Campo del apóstol Santiago en su iconografía de peregrino. Se trata de
una magnífica escultura de cuerpo entero que podemos encontrar
habitualmente en el banco del retablo mayor de la Colegiata de San Antolín
y con su muestra temporal en el Museo queremos recordar la estrecha
relación histórica que siempre hubo entre Medina del Campo y el culto al
Apóstol, no sólo desde la llegada hacia mediados del siglo XII de
repobladores de origen gallego, que suponemos fueron los constructores de
la primera parroquia de este título, sino también a través de antiguas
leyendas populares que pretendían la llegada a Medina del propio Santo y
la consiguiente evangelización general o la celebración festiva del "Voto
de Villa" dedicado a Santiago, fielmente seguido por todos los caballeros
medinenses. |
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Esta escultura que representa al Santo Jacobeo de cuerpo entero está
situada en el banco del monumental retablo mayor de la Colegiata de San
Antolín, más concretamente en la hornacina frontal de la base de su
contrafuerte lateral derecho. Dicho conjunto artístico –como ya señaló en
su día el profesor Parrado del Olmo- es un formidable muestrario de los
diversos modos de entender la escultura por parte de los maestros que
trabajan en Castilla en las décadas centrales del siglo XVI, a partir del
poderoso influjo de Alonso Berruguete. Así, algunos de sus seguidores más
destacados como Juan Rodríguez, Pedro de Salamanca o Isidro de Villoldo,
serán quienes se encarguen, junto con sus talleres, de realizar buena
parte de esta gran obra colectiva.
Las esculturas de estos maestros presentan características comunes que las
identifican: personajes de rostros secos y angulosos, cabellos alterados,
manos y pies desproporcionados, etc. El Santiago Peregrino que nos ocupa
es una buena muestra del uso de estos recursos manieristas, destacando
además, en este caso, la riqueza cromática de una excelente policromía en
tonos dorados, azulados y rosados que cubre los ropajes del apóstol. La
disposición de los brazos, el derecho levantando el manto a la altura de
la cintura para dejar ver el zurrón bajo el codo y el izquierdo levantado
por encima de la cabeza para agarrar con firmeza el bordón del caminante
(no conservado), da como resultado una composición de figura helicoidal
ascendente, en "serpentinata", que dota a la pieza de gran movilidad,
contribuyendo también a ello los numerosos plegados de la túnica y del
citado manto.
Los atributos del peregrino –el bordón con la calabaza, el sombrero de
alas con las insignias jacobeas al frente y el zurrón a la cintura- son
los habituales de esta popular iconografía, de la cual podemos encontrar
otra representación –si se quiere, mucho más hispánica-, en la misma
Colegiata de Medina, en el retablo dedicado a la Soledad en la capilla de
Ntra. Sra. de las Angustias, con Santiago, como peregrino, rezando ante la
Virgen del Pilar.
Por la abundante documentación que conocemos acerca de la ejecución del
retablo, esta escultura debió de realizarse entre el 22 de julio de 1539,
momento en que Cornelis de Holanda y Juan Rodríguez se instalan en Medina
para ejecutar el retablo, y el 2 de junio de 1543, fecha en que éste
último redacta su testamento en el que se alude al conjunto como "asentado
y casi acabado".
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