PIEZA DEL MES - JULIO Y AGOSTO 2003


Arcángel San Rafael

Julián de San Martín
Hacia 1750
Escultura en madera policromada
113 x 55 x 55 cm.
Colegiata de San Antolín. Medina del Campo
 


La iconografía de San Rafael, poco frecuente hasta el siglo XVIII, es bastante común a partir de esta centuria en la que se le dedican diversas esculturas realizadas por los más destacados artistas. Su representación está ligada a la historia de Tobías, a quien se le apareció cuando debía emprender un difícil viaje, ofreciéndole su protección. Durante el mismo, Tobías decidió bañarse en el río Tigris, surgiendo del agua un enorme pez que intentó devorarle. Intervino el Arcángel y, tras salvarle la vida, le ordenó atrapar al pez y extraerle el corazón, el hígado y la hiel, con los que liberaría del demonio a su futura esposa y sanaría los ojos enfermos de su padre, el viejo Tobías. De aquí la representación de San Rafael como genérico protector del viaje, que aparece a veces vestido con los atributos del peregrino, y siempre con un pez entre sus manos.

En nuestro caso, se representa al Arcángel en actitud de caminar portando el pez en su mano izquierda y lo que aparenta ser el fragmento de un bordón de peregrino en la derecha; le faltan ambas alas. La policromía está realizada a base de tonalidades planas, únicamente decoradas por una cenefa dorada, siendo la encarnación a pulimento. La sensación de movimiento está acentuada por el desarrollo de los paños, fuertemente sacudidos, pegados a la figura por delante y sueltos por detrás, dando lugar a una vistosa cola.

Atribuida con anterioridad a Luis Salvador Carmona, gracias a las investigaciones de Virginia Albarrán se ha podido documentar que la pieza fue tallada por el escultor burgalés Julián de San Martín (1761-1801), quien además realizó para Medina del Campo un San José y un relieve de la Asunción de la Virgen, hasta ahora no localizados. De acuerdo con la noticia que recoge Ceán Bermúdez, la escultura fue realizada para la Colegiata de San Antolín, donde ha permanecido hasta la actualidad.

Aunque se trata de un escultor escasamente conocido, la escultura de San Rafael demuestra la intervención de un artista de notable calidad para plasmar el sentido decorativo y anecdótico que predomina en al arte rococó. La elegancia que se alcanza en la disposición de la figura, con la pierna derecha levemente apoyada en el suelo, encuentra el complemento adecuado en una policromía a base de tonos pastel, rosas y verdes, muy característicos de la obra conocida de Julián de San Martín. En resumen, se trata de una pieza muy representativa del interés que merece la escultura que se produce en la escuela madrileña a finales del siglo XVIII.

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José Ignacio Hernández Redondo
Conservador del Museo Nacional de Escultura