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Durante el presente mes de febrero,
puede contemplarse en el Museo de las Ferias como "Pieza del Mes" el busto
relicario que representa a Santa Águeda, perteneciente a una serie de
esculturas de santas conservada en la capilla relicario de la iglesia de
Santiago el Real, cuyo autor ha sido relacionado con el taller del escultor
vallisoletano Juan Antonio de la Peña.
Con esta muestra temporal del Museo
-que ha llevado aparejada la correspondiente limpieza y desinsectado de la
pieza- se pretende incidir en dos aspectos de interés que van más allá de la
propia exposición de tan excelente obra artística: De una parte, la plena
vigencia del culto y tradiciones populares de remotos orígenes, que las
cofradías de Santa Águeda aún mantienen vivos durante los días cercanos al 5
de febrero; de otra, la urgente necesidad de intervenir en la capilla
relicario del antiguo colegio de jesuitas, singular espacio que precisa la
restauración de sus pinturas murales, retablo y conjunto de bienes
artísticos (cuya nómina supera ampliamente el centenar), al cual pertenece
este busto de la Santa de Catania. |
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Ciertamente, Santa Águeda es
uno de los personajes del Santoral cuya veneración popular ha llegado con
mayor arraigo hasta nuestros días y prueba de ello son los innumerables
ritos y costumbres tradicionales que sus cofradías, siempre femeninas,
siguen celebrando actualmente. Todos cuantos se han ocupado de la vertiente
antropológica de los ritos "aguederos" han coincidido en considerarlos como
arquetípicos de las llamadas fiestas invernales "de inversión", encontrando
ecos y paralelismos -a veces más que discutibles- con los propios de las
antiguas Matronalia, fiestas romanas que en honor de Juno Lucina
celebraban las mujeres casadas, invocando sus poderes fecundatorios y
pidiendo su protección en el momento del parto.
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En el marco de la tradición cristiana, cuentan los
relatos hagiográficos que Santa Águeda nació en la ciudad siciliana de
Catania y por su fe fue objeto de horribles torturas a manos del
prefecto Quintiliano quien, además de azotarla y colgarla cabeza abajo,
ordenó a sus esbirros cortarle los pechos -luego repuestos de forma
milagrosa por San Pedro-, episodio éste de su martirio que con el tiempo
llegaría a ser el más conocido, dando origen a su patronazgo sobre las
nodrizas y a su invocación protectora contra las enfermedades mamarias
de la mujer, así como a su representación iconográfica en la que aparece
sosteniendo una bandeja con los pechos. Su muerte, acaecida en el año
251 y coincidente con una terrible erupción del volcán Etna, situado
junto a su ciudad natal y al que consiguió aplacar, la convirtió para
siempre en abogada contra los desastrosos efectos del fuego, así como en
patrona de los fundidores de campanas, quizá por el símil entre la
colada del bronce fundido y la originada por la lava de los volcanes (el
epitafio que los ángeles pusieron en su tumba: "Mentem sanctam
spontaneam honorem Deo et Patriae liberationem" es una inscripción
muy frecuente en las campanas).
Las cofradías de Santa Águeda, documentalmente
conocidas en nuestro entorno desde el siglo XVI, jugaron un papel muy
importante en lo que respecta al mantenimiento de viejas tradiciones
originarias o agregadas en el transcurso de los siglos. Aunque su
primera finalidad fuera el servir de cauce a una devoción religiosa, así
como asegurar auxilio en la enfermedad o en la pobreza a las cofrades
menos favorecidas, muy pronto recogieron el espíritu bullicioso,
inherente a toda fiesta, favoreciendo ritos, ceremonias y regocijos que
conforman un conjunto de manifestaciones tradicionales de indudable
interés antropológico.
En la mayor parte de sus representaciones artísticas
suele aparecer del mismo modo, esto es, sosteniendo en una mano una
bandeja con los pechos y, en la otra, la palma del martirio, a veces
sustituida por un cirio encendido en recuerdo a su aludido patronazgo
contra los efectos del fuego. Refiriéndonos ya
concretamente a la obra artística que nos ocupa, hemos de señalar, en
primer término, que pertenece a una serie de ocho bustos en los que se
representan a las Santas Catalina, María Magdalena, Inés, Lucía,
Apolonia, Bárbara, Dorotea y Águeda. De una notable calidad artística,
todas las piezas acusan claramente su pertenencia a un conjunto
concebido de modo unitario, presentándose con ricos ropajes de pliegues
ondulantes y vistosa policromía en tonos verdosos con motivos
decorativos florales y vegetales; de finísimo acabado, en la parte
central del torso muestran la correspondiente reliquia en el interior de
una teca ovalada. Respecto a su autoría los profesores Urrea y Parrado
han sido los primeros en relacionar a su autor con Juan Antonio de la
Peña, escultor de origen gallego, activo en el último tercio del siglo
XVII, o con alguno de los maestros de su taller, atribución que también
mantienen Arias Martínez y Hernández Redondo en su estudio de la capilla
relicario jesuita. Respecto a la cronología, se puede documentar con
certeza en 1673 gracias al hallazgo de esta fecha en la parte posterior
de las esculturas.
Por último, recordemos que
la capilla donde se conserva el busto de Santa Águeda es la dedicada a
relicario del antiguo colegio-noviciado de jesuitas, reformada
completamente tras los devastadores efectos del incendio que sufrió el
edificio colegial y la cabecera de la iglesia en 1665. Tras las obras de
reconstrucción, realizadas a partir de 1669 bajo la dirección del
maestro medinense Juan Guardado, la capilla se dedica ahora a San
Francisco de Borja, fundador del colegio, cuyo retablo preside el
conjunto; en él se recogen y veneran las reliquias que llegan por
centenares al convento, en unos tiempos de marcada devoción
contrarreformista.
De la concurrencia de unos muros literalmente cubiertos por relicarios
de todos los tamaños y tipologías, y de unos techos decorados
interiormente con pinturas y yeserías polícromas, resulta un espacio
absolutamente abigarrado y sobrecogedor. En la actualidad, este conjunto
nos muestra una imagen poco distante de la que debió de tener en los
tiempos de su construcción, aunque los efectos del paso de tiempo hagan
necesaria una urgente actuación restauradora y de conservación de todos
los elementos artísticos que lo componen.
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Bibliografía:
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Urrea, J. y Parrado del Olmo, J. Mª, "El arte de Medina
del Campo", en Historia de Medina del Campo y su Tierra.
Valladolid, 1986, t.I.
-
Arias Martínez, M. y Hernández Redondo, J.I., "La
Compañía de Jesús y las capillas relicarios vallisoletanas: Medina del
Campo", Actas del Congreso Internacional Struggle for Synthesis,
Lisboa, 1999.
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