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La exposición temporal Mercaderes y Cambistas
sirvió de proyecto básico para
el desarrollo posterior del Museo de las Ferias. Los contenidos
de la muestra
fueron agrupados en dos grandes capítulos:
El primero dedicado a los principales oficios y mercancías que
se daban cita en las ferias, según los siguientes apartados: paños y
textiles, platería y metales, carpintería y mobiliario, el libro y la
imprenta, y las bellas artes (pintura y escultura). Bajo estos
epígrafes se expusieron piezas de gran valor
histórico artístico: sedas y encajes castellanos y flamencos, tapices
de Flandes; piezas de la mejor platería, obras de forja y fundición;
cofres y arquetas de diferentes tipologías; libros impresos en las
tipografías medinenses durante la segunda mitad del siglo
XVI; esculturas y pinturas de maestros castellanos, flamencos,
italianos y de otras procedencias (Juan de Juni, Pantoja de la Cruz,
Marcellus Coffermans, Ambrosius Benson, etc.) siempre en relación con
las ferias medinenses; etc.
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El segundo
conjunto argumental se dedicó a la banca
y los cambistas, con Simón Ruiz como principal protagonista.
En esta parte de la exposición pudieron
contemplarse, además de piezas relacionadas con personajes de la
banca de aquel tiempo, una selección de importantes documentos
históricos -en buena parte procedentes del Archivo Simón Ruiz-,
que manifiestan el carácter internacional
de aquellas grandes reuniones feriales.
Como complemento de divulgación, se preparó
un montaje audiovisual con las
características principales de la historia de las ferias
castellanas. |
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Un sugerente
montaje expositivo sirvió para rememorar el
propio escenario urbano de las viejas ferias, reproduciendo los
elementos de una antigua rúa porticada, con dos hileras de
soportales de pies derechos de madera y los entoldados que cubrían
las tiendas portátiles de los merchantes, como marco de los
diferentes conjuntos temáticos.
En este
ambiente se dispusieron las piezas
seleccionadas, organizadas según los diferentes oficios y
ocupaciones feriales representadas. Bajo el artesonado mudéjar de
la Capilla Mayor se situó el espacio
dedicado monográficamente a la banca, enmarcado por una hilera de
rollos de granito y cadenas con la pretensión de
recordar la disposición original de los antiguos cambios.
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