BIC Declarado. Decreto de 3.6.1931. Gaceta de 4.6.1931


El imponente edificio que hoy vemos presidiendo la Plaza Mayor es el sucesor de una primitiva parroquia cuya fundación hemos de relacionarla con la llegada de una comunidad de repobladores procedente de Palencia, amparada por su patrón San Antolín, en la segunda mitad del siglo XII. En efecto, a 1177 se remonta la primera mención documental de aquella primitiva parroquia de “Sancto Antonino”; se trataría de un modesto templo del tipo denominado románico-mudéjar construido como otros a base de verdugadas de ladrillo, con fondos de tapial. Don Fernando de Antequera es el primer personaje que concibe elevarla a ‘Catedral’ o ‘Colegiata’. No obstante, será su nieto Fernando el Católico quien solicite y consiga del Papa Sixto IV la Bula correspondiente, dada en Roma el 11 de Junio de 1480. El rango de Colegiata con abadía “libre y exenta” se pierde en 1855, funcionando desde entonces como parroquia mayor.

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Proceso de construcción:
La dirección de las primeras obras corre a cargo de Juan Gil de Hontañón a cuya muerte, en 1526, sucede su hijo Juan Gil “el Mozo”. La participación de su otro hijo, el famoso Rodrigo, no está documentada pero es admitida por todos los especialistas de su obra. Respecto a su proceso de construcción, las primeras noticias datan del 14 de marzo de 1503, día en que el obispo medinense Juan Ruiz de Medina adquiere el patronato de la capilla mayor, al tiempo que se empiezan a levantar los primeros cuerpos de la torre (en los exteriores de ambas partes se alzan escudos episcopales del patrocinador). Hasta mediados de siglo se construyen los tres primeros tramos de las naves y las capillas instaladas en el muro que mira a la plaza; poco después la parte baja del muro de los pies y en el tercer cuarto del XVI, la portada principal y el atrio. De las últimas décadas datan las bóvedas de los dos primeros tramos de las naves central y del Evangelio, la puerta de Ntra. Señora de San Julián y la capilla del Bautismo de Jesús. Entrado el siglo XVII, sucesivamente, las capillas restantes del muro de la Epístola, la sacristía, la capilla del Cristo de la Concepción (Quiñones), gran parte de la de Ntra. Sra. de las Angustias y la nueva portada principal; del XVIII, la cabecera trebolada de esta última capilla, el coro y parte de los pies del templo; en siglo XIX, a raíz del desastre producido por un rayo en lo alto de la torre, se componen el entramado metálico de remate, la nueva maquinaria del reloj -incluidos los ‘maragatos’- y, por último, importantes obras de saneamiento. En el siglo XX ha sido objeto de numerosas intervenciones y actualmente está concluyéndose la ejecución de su Plan Director de Restauración.

Exterior
Al exterior, la iglesia colegial ofrece la pesada imagen de las construcciones de planta de salón; además, la descuidada disposición de muros añadidos y construcciones adosadas se deja sentir en todos sus flancos. La portada principal es de tipo columnario, propio de mediados del siglo XVIII, y sustituye a la primitiva levantada Juan Picardo y Juan de Astorga a partir de 1551. De dos cuerpos, en el inferior se abre una gran puerta adintelada enmarcada por sillares almohadillados y flanqueada por dos parejas de columnas toscanas, en cuyos intercolumnios se hallan las estatuas de San Pedro y San Pablo; esta disposición se repite en el cuerpo superior en cuyo centro se halla la estatua del Santo titular. Sobre la puerta hay dos aldabas según la tradición arrancadas por los medinenses de una de las puertas de la ciudad de Ronda tras la famosa batalla de 1485.


El balcón del Pópulo

Quizá el elemento arquitectónico más interesante de toda la fachada principal sea el balconcillo que se alza inmediatamente a la izquierda de la portada principal. Es la capilla abierta de Ntra. Señora de la Concepción o “del Pópulo” y su singularidad radica en ser el más antiguo antecedente, aún en pie, de las capillas exteriores o “de indios” tan extendidas en las iglesias y catedrales de Hispanoamérica. Se construyó como segundo altar de la capilla interior del mismo título sobre tres mensulones de granito con decoración de palmetas avolutadas; preside el conjunto un pequeño retablo con la imagen titular. El balcón se cubre con un frontón triangular en cuyo centro se halla el escudo del fundador, el abad Alonso García del Rincón, célebre por su protagonismo en la Guerra de las Comunidades. Las disposiciones fundacionales dictadas en 1516 recogen la función primordial de su construcción: servir para la celebración de la misa los días de mercado, sin que los feriantes tuvieran que ausentarse de sus tenderetes; su construcción se terminó en 1523. Otra balconada que se encuentra en el extremo de la fachada en un cuerpo añadido, corresponde a la edificada en 1691 por la archicofradía del Santísimo Sacramento, conocida popularmente como “de los canónigos” por ser el lugar donde éstos presenciaban los festejos celebrados en la plaza.

La torre del reloj
La torre consta de cinco cuerpos separados por impostas de piedra ligeramente voladas, con un remate de planta octogonal sobre el que hay una estructura de hierro que sustituye al chapitel ochavado destruido por un rayo en 1841. En el cuerpo de campanas se halla la gran campana “Santa Bárbara”, fundida en 1588 y popularmente conocida como “campana María”; en el muro del Este se hallan dos esquilones de volteo de 1641 y 1836 dedicados ambos a San Antolín. De los muchos toques de campanas realizados en los tiempos en que el templo era Colegiata han perdurado algunos, como el que diariamente puede oírse poco antes de las nueve de la mañana conocido como “toque del címbalo”; fue instituido en recuerdo de los fallecidos en el desplome de las bóvedas del templo agustino de Ntra. Sra. de Gracia el 13 de Abril de 1629. En el quinto cuerpo, se encuentra el reloj de cuyo curioso mecanismo forman parte dos carneros que se encuentran sobre la esfera y que marcan los cuartos entrechocando sus respectivas testuces en dos pequeñas campanas (son los originales del primitivo instalado hacia el segundo cuarto del siglo XVI); justamente encima de ellos, donde se interrumpe la balaustrada de piedra, estuvieron situados dos grandes figuras articuladas que flanqueban una campana donde daban las horas; los sustituyen, desde fines del siglo XIX, una pareja de maragatos de dos metros de altura que pueden verse en lo más alto de la torre a ambos lados de la monumental campana gótica dedicada a Santa María conocida como “Maragata”.

El atrio y la portada de Ntra. Sra. de San Julián
Delante de la fachada principal hay un amplio atrio o lonja de entrada, expresión de la jurisdicción eclesiástica ejercida por este templo como sede de la abadía. Su traza original data de 4 de mayo de 1567 y contemplaba, en principio, la disposición de cadenas donde actualmente hay antepechos de hierro forjado.

En la parte posterior del templo, en la calle de Bravo, hay otra portada de acceso titulada “de Ntra. Sra. de San Julián” por ser la más próxima a la cercana -y hoy reconvertida- ermita del mismo nombre. Consta de un cuerpo en el que se abren tres arcos de medio punto, el central de mayor anchura que los laterales, que actúan a modo de hornacinas profundas, rematados por un pequeño frontón curvo corona el conjunto.

Interior
El interior de la Colegiata presenta las conocidas características del gótico tardío: planta de tipo salón de tres naves de similar altura con tres tramos cada una y espaciosa cabecera rectangular. Todas las bóvedas que la cubren son de crucería estrellada con combados, terceletes y ligaduras. La estructura abovedada, en su conjunto, se apoya, en los muros exteriores dotados de pilastras interiores y contrafuertes exteriores -entre los cuales se disponen las capillas-hornacinas-y en gruesos pilares cilíndricos en los que aparecen adosadas finas columnillas. En el muro de la nave del Evangelio, desde los pies, se abren las siguientes capillas:
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  • La capilla de San Antonio de Padua la fundan Diego Rodíguez de Neira y su mujer Ana Mendo en 1631. El retablo es del mismo momento y contiene en su cuerpo principal una escultura de San Antonio, flanqueada por los lienzos de Santa Ana con la Virgen a la izquierda, y de San Juan Bautista a la derecha; en el ático hay otro lienzo que representa a Santiago matamoros.

  • La siguiente es la capilla de Santa Regina; fundada en 1556 por Francisco Lobato “el Viejo” (padre del importante “ingeniero” hidráulico Francisco Lobato del Canto) bajo la advocación de San Cayetano. A finales del siglo XIX es transformada radicalmente por el sacerdote Isidoro Sanz Méndez quien la adquiere para sepultura suya y de sus familiares, siendo la última persona enterrada en la Colegiata en 1903. El retablo es de éste último momento y contiene las antiguas imágenes titulares y otras nuevas del nuevo propietario; la pieza de mayor interés es la situada en el ático, una escultura de la Piedad del siglo XVI. La reja que vela esta capilla es de fines del siglo XVI; hoy desafortunadamente repintada, no parece la original del conjunto.

  • Sigue la capilla del Cristo de la Paz fundada por García Sánchez y su mujer Francisca Pérez en 1535; posteriormente, el patronato pasa a manos Ana Boyer, de la célebre familia de libreros en la Medina del siglo XVI. El retablo fue encargado en 1554 a Juan Picardo, quien debía componer como única escena un Calvario con esculturas de bulto redondo; en la actualidad, de este conjunto sólo se conserva en su lugar la extraordinaria escultura del Crucificado, denominado popularmente Cristo de la Paz; las de la Virgen y San Juan tal vez sean las que hoy día flanquean al Cristo Nazareno de la capilla de las Angustias. La reja de cerramiento se encarga a Juan López de Urigarri, cerrajero de Mondragón afincado en Medina, en 1556; no se ajusta al vano, tal vez por las obras de reforma que sufrió esta capilla al ampliarse la inmediata entrada principal del templo en el siglo XVIII.
    Sobre el arco de esta capilla puede contemplarse una pintura mural de San Cristóbal de grandes proporciones, cuya razón obedece a la difundida creencia medieval de que aseguraba un día sin sobresaltos y viaje sin problemas a todos aquéllos que vieran antes una imagen de este santo.

  • Tras el cancel de entrada y continuando hacia la cabecera se halla la capilla de Jesús atado a la columna, fundada por Francisco Pérez de Vargas y Constanza Álvarez del Corral en julio de 1546. Sobre un arco titulado de San Pedro y San Pablo perteneciente a la vieja parroquia, que no había llegado a terminarse por coincidir su obra con la ejecución del nuevo templo (de aquí que aparezcan ambos santos flanqueando al Cristo atado a la Columna). En 1627, Luisa de Torres, esposa del regidor Pedro de Valpuesta, adquiere el patronato que, más tarde, pasa a manos del Conde de Adanero y sus sucesores. El retablo fue encargado en 1554 a los escultores Juan Picardo y Juan de Astorga, quienes realizaron las esculturas ya nombradas. Con el cambio de patronato en 1627 se coronó el conjunto con un frontón curvo con lienzos de Francisco de Pinedo que representan a San Joaquín, la Inmaculada Concepción y Santa Ana, disponiéndose a ambos extremos las esculturas de Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

  • La siguiente es la capilla del Descendimiento (o de Nuestra Señora), sin duda, una de las más interesantes de toda la iglesia. Fundada por Antonio de Cuéllar, Corregidor de Plasencia, y su esposa Beatriz de Cepeda, en ella destacan tanto el retablo de tablas pintadas como la reja de cerramiento, ambos encargados en 1533. Las tablas pertenecen al primer Renacimiento, mientras que la arquitectura del retablo es algo posterior; consta de dos cuerpos más ático enmarcado por los escudos de armas de los fundadores; en el primer cuerpo se hallan actualmente las tablas que representan el Martirio de Santa Catalina, Ntra. Sra. con el Niño y la Estigmatización de San Francisco con la donante; en el segundo, el Abrazo de San Joaquín y Santa Ana en la Puerta Dorada, Llanto sobre Cristo muerto y San Jerónimo con el donante; en el ático la Asunción de Nuestra Señora (este orden no es el original ya que se hallan mal colocadas tras el robo, felizmente resuelto, sufrido en la noche del 30 al 31 de octubre de 1979). Todas ellas de gran calidad, están en consonancia con la obra del denominado Maestro de Becerril. Por su parte, la extraordinaria reja que cierra el conjunto consta de dos cuerpos divididos en tres calles y coronamiento; corresponde al estilo del rejero Juan Francés, en los momentos del mejor plateresco, ofreciendo la típica sensación de horror al vacío.

  • En la cabecera de esta nave del Evangelio se abre la capilla de la Concepción de Nuestra Señora o “del Pópulo”, llamada hoy de Santa Bárbara. Como vimos al hablar de la capilla exterior de la fachada principal del templo, el abad Alonso García del Rincón funda en 1516 esta capilla dotándola de dos altares, uno principal (el propio de esta capilla) y otro exterior, ambos dedicados originalmente a la Inmaculada Concepción; las obras acaban en 1523. En los años cuarenta del presente siglo, la capilla es remozada totalmente por el Regimiento de Artillería con plaza en Medina para dar culto a su patrona Santa Bárbara, construyéndose un nuevo retablo para la cabecera. Se cubre con una falsa cúpula sobre pechinas en las que aparece repintado el escudo de armas del abad. Además del retablo principal, que es contemporáneo, hay otro lateral neoclásico del siglo XVIII que fue desplazado de la cabecera para situar el nuevo. En el primero de ellos se ha dispuesto recientemente la magnífica Piedad de Juan de Juni que se admite como la realizada para la capilla de Casa Blanca; en el retablo lateral hay una escultura de la Inmaculada Concepción del siglo XVII, repintada imitando mármol. Cierra la capilla una buena reja que presenta una traza similar a la de la capilla anterior, de la cual no se ha conservado el coronamiento.

  • La capilla mayor es sin duda el recinto más significativo de todo el templo. Fue construida a partir de 1503 a expensas del medinense Juan Ruiz de Medina, obispo que fue de varias diócesis, además de abad de esta Colegiata y Presidente de la Real Chancillería de Valladolid; dicha fundación, la primera de la nueva Colegiata, se recuerda en la leyenda que recorre el friso. La capilla se cubre con una bóveda de crucería en cuyo diseño se advierte, en planta, una estrella de lados mixtilíneos con nervios angulares.

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El retablo mayor es, sin duda, el conjunto artístico más importante de cuantos pueden encontrarse en el templo. La mayor parte del mismo se llevó a cabo a expensas de los bienes de la fundación que hizo Catalina de Sedeño, por testamento de 7 de enero de 1539. Se sabe que en ese año el ensamblador Joaquín de Troya concierta con los escultores Cornelis de Holanda y Juan Rodríguez la hechura de la mitad de todo el retablo; asimismo, hay constancia de la intervención del pintor Luis Vélez, quien en 1548 lleva a cabo la policromía del pabellón y figuras del Calvario. Como ocurre en cualquier obra de estas proporciones se acusa la participación de numerosos artistas con sus correspondientes talleres, durante varias décadas. Además de los citados, se admite la participación de Isidro Villoldo, Pedro de Salamanca y otros discípulos de Alonso de Berruguete, así como la de Juan Picardo, de influencia juniana, y Leonardo Carrión escultor romanista muy activo en la villa durante el último tercio del siglo. Pasando a una rápida descripción del mismo, digamos que se asienta sobre sotabanco de piedra y consta de banco y tres cuerpos completos más el coronamiento. Si bien el trazado de su arquitectura recuerda el propio de los retablos góticos, con numerosos casamentos, la técnica de las tallas y los relieves es plenamente plateresca; se organiza en cinco calles más dos entrecalles que flanquean la central con dos contrafuertes laterales. Entre las casi cien escenas y motivos iconográficos destacan: en el sotabanco los relieves con de episodios de las vidas de José y David; en el banco, las esculturas de los donantes de la capilla y el retablo, las de San Sebastián, San Antonio Abad y Santiago peregrino, y el bien compuesto tabernáculo de dos cuerpos; los tres cuerpos siguientes y el de remate entre aletones tienen la misma organización, conteniendo, por una parte, magníficos relieves que narran episodios de la vida de Jesús desde los temas propios de la infancia (el Nacimiento, la Adoración de los Magos, la Circuncisión,….) hasta los propios de su Pasión, Muerte y Resurrección (Ultima cena, Oración en el Huerto, Coronación de Espinas, Flagelación, Camino del calvario, Descendimiento, Santo Entierro,…); preside el conjunto un monumental Calvario bajo dosel descorrido por dos ángeles; junto con los relieves, en los intercolumnios que flanquean la calle central y en los contrafuertes laterales, hay hornacinas donde se alojan esculturas de bulto representando a apóstoles, y en sus partes superiores pequeños tondos con bustos de profetas y santas, todos ellos de gran calidad. La calle central se alteró en 1668 disponiéndose sobre el tabernáculo la Virgen de las Candelas, talla gótica tardía, titular del retablo junto con San Antolín, cuya enorme escultura se dispone en el siguiente cuerpo bajo el relieve de su martirio. Sobre los contrafuertes se sitúan las imágenes de la Anunciación y del arcángel San Gabriel dirigiéndose la mirada y sobre el coronamiento las representaciones del Antiguo y Nuevo Testamento. Las pinturas murales representan a Dios Padre y Cristo resucitado con ángeles músicos que tañen arpas, violas y laúdes.

Todavía en la capilla mayor, empotrado en el centro del muro del lado del Evangelio, se halla el enterramiento de los Morejón, trasladado desde la parroquia de Santa Cruz en 1634, hecho que se recoge en las lápidas que flanquean el armario-relicario en el que campea el escudo del linaje; la puerta que lo cierra contiene dos lienzos, uno en cada cara, en la exterior se representa la degollación de Santa Lucía (mártir romana cuyos restos se conservan dentro en un arqueta), y en la interior a San Isidro con una curiosa vista de Madrid; dentro de la hornacina, en otro tiempo repleta de relicarios de todas las tipologías y hoy conservados en la sacristía, se halla una magnífica tabla anónima fechada en 1542 que representa el Llanto sobre Cristo muerto, cuyo marco provisto de elementos arquitectónicos es de la misma factura que el del Descendimiento que Pedro Machuca hiciera por encargo de la medinense Inés de Castillo (mujer de G. Rodríguez de Montalvo) en 1547, hoy en el Museo del Prado. Por otra parte, en la esquina del muro de la Epístola se halla una escultura de San Fernando (y no de Fernando de Antequera como dice la tradición en un exceso de admiración por el ilustre paisano). También debe anotarse la existencia de dos púlpitos de planta hexagonal, excelentes ejemplos de forja del primer plateresco. La reja que cierra este espacio, de las primeras décadas del siglo XVII, no está a la altura de la calidad artística del conjunto.

Continuando por la nave de la Epístola, encontramos en su testero el retablo de Santiago (hoy de Nuestra Señora del Pilar) que hace pareja con el situado en el otro testero, aunque su calidad es notablemente inferior. Tras su originaria dedicación a Santiago, lo fue luego a la Virgen de las Maravillas y, desde 1936, a la Virgen del Pilar, escultura moderna que está rodeada por discretos lienzos que representan a varios santos y santas, todos de los siglos XVII y XVIII. Remata el conjunto un calvario que ha perdido el Crucificado, conservándose las tallas de la Virgen y San Juan de labra de algún artista local imitando figuras góticas; en los extremos están las armas de los Mercado, fundadores de la capilla (el mismo escudo se repite en lo alto del primer tramo de esta nave).

Una pequeña puerta da acceso al cuerpo bajo de la torre que actúa como distribuidor espacial; de planta cuadrada, se cubre con una interesante bóveda gótica octogonal, construida seguramente al tiempo que la capilla mayor, cuyos nervios nacen de sendas trompas angulares que se apoyan en ménsulas renacientes. El suelo de losas es el original del tiempo de su construcción.

En el primer tramo de esta nave se halla la entrada a la capilla del Santo Cristo de la Concepción o “de Quiñones”. Fue construida entre 1640 y 1645 justamente en el lugar que antes ocupara la sala capitular y sacristía del templo. Costeó las obras Bernardo Caballero de Paredes para su enterramiento; sin embargo, la falta de acuerdo con el cabildo colegial sobre las condiciones y obligaciones del patronazgo, hizo que su propiedad revertiera al cabildo 1648, vendiéndose once años más tarde al canónigo Juan Vigil de Quiñones. De planta central cuadrada, se cubre con bóveda de media naranja sobre pechinas cuya decoración se hace a base de yeserías doradas con motivos vegetales, rameados y veneras colgantes que aparecen en el interior de molduras con formas geométricas. El retablo, ensamblado por Juan de Valencia en 1652, es de un cuerpo en el que se hallan el Cristo de la Concepción, gótico de hacia 1300, flanqueado por dos lienzos que representan a San Antolín y San Lorenzo; en el ático, hay una pintura de la Inmaculada Concepción, de la misma mano que los dos lienzos laterales. A ambos lados de los peldaños del presbiterio hay dos armarios relicarios de portezuelas doradas que contienen numerosos restos, cedidos por el obispo Caballero de Paredes. También se conservan en este recinto las esculturas de Jesucristo orante y el Ángel pertenecientes a la escena de la Oración del Huerto y procedentes de la iglesia de la Vera Cruz. La capilla se cierra con una reja atribuida al taller de Alonso Macías, en cuyo coronamiento los barrotes son radiales y confluyen en el escudo de armas de Juan Vigil de Quiñones.

Aún en el primer tramo, se halla el retablo de la Purísima Concepción, procedente de la desaparecida parroquia de San Facundo y San Primitivo, que fue instalado en este lugar en 1920 tapando dos arcos, hoy inaccesibles, que corresponden al enterramiento del linaje de los Mercado. De la primera mitad del siglo XVII, destacan, entre las piezas que en él se veneran, la la escultura procesional de San Antolín (s. XVIII) y la del Arcángel San Rafael, atribuida a Luis Salvador Carmona; en el ático, hay una pintura de la Inmaculada Concepción original de Diego Díez Ferreras.

Como en casos anteriores, sin empotrarse en el muro, sigue el retablo del Bautismo del Jesús, cuya capilla fue fundada por Juan de la Peña Carvajal y Guiomar Álvarez en enero de 1578. Este conjunto, realizado dos años antes, es obra de Leonardo de Carrión y Agustín Nieva; su relieve central muestra la escena del Bautismo del Señor abriéndose a los lados hornacinas de medio punto con casetones que acogen las esculturas de San Juan evangelista y San Marcos; sobre ellas aparecen los relieves que representan a San Lucas y San Mateo respectivamente.

Tras el cancel de entrada por la puerta de Ntra. Sra. de San Julián, se abre la capilla de Nuestra Señora de Monserrat (hoy de San José). Sus fundadores fueron Cristóbal Beltrán de Paz y su esposa, Francisca Pérez, en 1614, según reza la inscripción de la lápida blasonada adosada al muro de la Epístola. Sabemos de su primitiva advocación gracias a la escritura que en 1627 firman los Beltrán con el escultor medinense Melchor de la Peña en la que se concierta la ejecución de la escultura de la Virgen de Montserrat, hoy conservada en la sacristía mayor. En 1915, la capilla fue remozada en su integridad disponiéndose por ese tiempo el nuevo retablo, bajo planteamientos neogóticos. La reja que cierra la capilla es obra de Alonso Macías (s. XVII).

La última es la capilla de San Pablo (hoy de Nuestra Señora del Carmen), cuya fundación corrió a cargo del prior D. Francisco de Medina Perú en 1634, quien la edificó sobre un arco familiar anterior fundado por sus padres bajo el patronazgo de San Pablo. Tras la última llegada en 1891 de los carmelitas descalzos a la villa, se les cedió esta capilla repintándose en blanco su retablo y disponiendo en su cuerpo central una imagen contemporánea de la Virgen del Carmen; también uno de los blasones de la familia fundadora fue repintado con el escudo mantelado del Carmelo; en el ático hay un crucifijo de finales del s. XVI. Cierra la capilla una reja de factura similar a la de la capilla anterior y adscrita al mismo taller de Alonso Macías.

En la nave central se halla el Coro, provisto de una sillería que sigue el modelo de la de El Escorial, frecuente en los monasterios jerónimos; documentalmente sabemos que fue adquirida al monasterio de Guisando, por acuerdo del cabildo de 22 de Diciembre de 1614, y que, reformada para su nueva ubicación, fue asentada en los años siguientes por el ensamblador Sebastián Aponte. Está compuesta por 33 sitiales altos y 21 bajos cuyos relieves se disponen de forma alternada sobre los sitiales altos; las misericordias aparecen con el mismo ritmo que los relieves. Las escenas de los primeros muestran episodios de la vida de Jesucristo desde la Anunciación y el Nacimiento hasta la Resurrección y la Asunción de Nuestra Señora. Remata el conjunto un dosel corrido que sirve de coronamiento donde se halla una escultura de San Antolín (s. XVI). En la parte central un facistol sostiene seis cantorales de los siglos XVI al XVIII. En el piso superior, sobre un cuerpo volado situado en el trascoro, se halla el órgano, obra barroca concluida por el organero Juan Francisco de Toledo en 1751, cuyo mueble es uno de los tres mejores de la provincia por la calidad de su hechura, materiales y parte tallada ornamental; hasta su conversión en órgano romántico (por Quintín Rufiner en 1924), su frente estuvo orientado hacia el lado del Evangelio y por ello su costado izquierdo luce notables labores caladas con motivos propios del momento; una escultura del rey David preside los siete castillos de que consta, ordenados en cinco calles.

También en la nave central, colgados de las columnas, se hallan dos estandartes reales de color carmesí, respectivamente de 1666 (actualmente en el Ayuntamiento) y del siglo XVIII, que sirvieron en su día para las proclamaciones de reyes. En el sotocoro, bajo el cuerpo construido por el cambio de ubicación del órgano, se venera la imagen de Nuestra Señora de la Consolación, de mediados del siglo XVI, en un altar del XVIII.

La capilla de Nuestra Señora de las Angustias es la principal y más espaciosa de cuantas se levantan en la Colegiata. Su primera mención se remonta a enero de 1569, momento en el que el cabildo colegial cede a la entonces incipiente cofradía de las Angustias el hueco de la puerta central de los pies del templo a fin de que allí construyera una capilla donde celebrar sus cultos. Ese recinto debió de ampliarse más adelante y formando una entrada esquinada hacia su solar actual se levantó, hacia el segundo cuarto del siglo XVII, la nave de la capilla (el acceso de planta trapezoidal aún existe tras el altar de la Virgen de la Consolación); la antigua cabecera se amplió con la construcción del cuerpo trebolado entre 1738 y 1741, acabándose las obras del conjunto cinco años después y consagrándose definitivamente en 1749.

La nave rectangular de la capilla se cubre con bóveda de cañón de tres tramos con lunetos y nos conduce al cuerpo octogonal de la cabecera, que está rematado por una cúpula semiesférica provista de galería corrida, apeada sobre un tambor en el que se abren los ventanales de medio punto; la decoración presenta unas abultadas y complicadas labores de yesería tallada a trépano con motivos vegetales, hojas de acanto y cabezas de serafines. Las pechinas están cubiertas por lienzos que representan a los cuatro Evangelistas. En tres de los lados del octógono se hallan las exedras que albergan los retablos, los cuales, al adaptarse perfectamente a ellas, participan de un esquema arquitectónico general que debe ser valorado en su conjunto. Este espacio trebolado es del mismo tipo que la de la ermita de la Virgen del Puerto, de Madrid, acabada de construir en 1718 y, quizá su modelo. La obra se atribuye al medinense José Castander Uceta (+ 1751) quien sigue los planteamientos churriguerescos del momento.

Su retablo mayor lo preside la venerada imagen de Ntra. Señora de las Angustias, de mediados del siglo XVI, escultura muy cercana a las atribuidas a Juan de Astorga; la flanquean las de S. Fernando y S. Hermenegildo, ambas del siglo XVIII. En el retablo lateral del lado del Evangelio se halla la poderosa escultura de Jesús Nazareno, atribuida a Francisco Rincón, flanqueada por otras dos de la Virgen María y San Juan de mediados del siglo XVI; el otro colateral está presidido por la imagen de vestir de Ntra. Señora de la Soledad y tiene a ambos lados las antiguas esculturas procesionales de Santa María Magdalena y San Juan Evangelista, de mediados del s. XVII. Otras obras de interés en este espacio son un Crucifijo (h.1540) que se halla suspendido de dos cadenas y, sobre todo, un lienzo original de Alonso Cano que representa a la Virgen con el Niño. En la nave hay una tabla de Ntra. Sra. de las Angustias (h.1600) y en el coro un singular órgano positivo, obra de Juan Francisco de Toledo, quien lo efectuó en el mismo año (1751) que el que hemos visto en el coro mayor.

La nueva sacristía, construida tras la cabecera de la Colegiata sigue el modelo ya ensayado en las iglesias jesuíticas de Santiago y del hospital de Simón Ruiz. Las obras empezaron en 1636 con trazas del arquitecto Francisco Cillero. De planta rectangular, se cubre con bóveda de cañón de tres tramos con lunetos, profusamente decorada con abultadas yeserías talladas a trépano. Del conjunto de obras artísticas conservadas en su interior anotamos, sobre el muro de entrada, el lienzo de la Virgen del Rosario, original de Francisco Martínez y de gran interés iconográfico; frente al mismo, en el muro frontero, el de Jesucristo vestido de Sacerdote, de Diego Díez Ferreras; en el muro del lado izquierdo, los de San Cayetano, la Inmaculada y San Antolín, los tres madrileños; en el muro derecho, de menor formato, el de Jesús Nazareno; sobre las cajonerías, provisionalmente, una magnífica escultura de San Roque peregrino de comienzos del siglo XVI que recuerda las formas de Rodrigo Alemán y en los armarios la magnífica custodia procesional que hiciera Cristóbal de Vergara a mediados del s. XVI y una buena colección de platería.

Datos tomados del libro de Sánchez del Barrio, A., Medina del Campo, la Villa de las Ferias. Salamanca, Ámbito Ed., 1996.

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