El comercio del arte


El activo comercio de tablas pintadas, esculturas, relieves y obras de arte en general a lo largo del siglo XVI, queda de manifiesto en las numerosas piezas de importación que aún se conservan en muchas ciudades y villas castellanas. A través de los puertos del Cantábrico llegan, procedentes de Flandes y los Países Bajos, grandes cargamentos de objetos suntuarios, cuyo comercio tiene en las ferias de Medina del Campo uno de los más importantes focos de compraventa y distribución de la península. El encargo o adquisición por parte de miembros de la nobleza, jerarquías de la iglesia o grandes personajes del mundo de las finanzas, que embellecen sus estancias con piezas de arte innovadoras, convive con el deseo de las clases medias -hombres de negocios, funcionarios, clérigos o letrados- y las comunidades religiosas que quieren poseer obras artísticas, especialmente de tema religioso, para su culto particular; en este caso, el gusto refinado deja paso a la obra en serie de carácter devocional, producida en los talleres locales, generalmente de inferior calidad y menor coste.
 



Santiago en la batalla de Clavijo. Taller de Brabante


Virgen con Niño. Adriaen Isenbrandt. Escuela de Brujas
 


Bajo la gran armadura mudéjar que cubre la capilla mayor de la antigua iglesia de San Martín pueden contemplarse extraordinarias obras artísticas ligadas todas ellas a las antiguas grandes ferias: relieves importados de la región de Brabante, tablas pintadas procedentes de Amberes, Brujas o Bruselas, etc. y, con ellas, pinturas hispano-flamencas realizadas en talleres castellanos, representativas del arte local. Cabe destacar, dos obras maestras que presiden este espacio: un relieve de la Piedad, de Juan de Juni, perteneciente al conjunto que encargara hacia 1575 el acaudalado cambista Francisco de Dueñas, y, anterior en más de un siglo, la impresionante escultura orante en alabastro -la primera en su género- del obispo Lope de Barrientos, gran benefactor de su villa natal y figura clave durante el reinado de Juan II.
 

La platería

De otra parte, Medina del Campo fue, durante la segunda mitad del siglo XVI, uno de los principales focos castellanos de platería y joyería. Los artífices medinenses, instalados en la acera de la Joyería de la Plaza Mayor y su inmediata calle de la Plata, hacen gala de una excelente técnica que queda confirmada en las piezas que han llegado hasta nosotros con el escudo de armas de la villa como marca oficial de la localidad. Una nómina que se acerca al centenar de artistas asentados en Medina hacia mediados del siglo XVI y, con ellos, artífices y mercaderes de plata y bronce de varias procedencias, llegados a la villa en tiempos de feria, realizan o comercian piezas de indudable calidad, destinadas tanto al uso litúrgico -cruces procesionales, custodias, cálices, navetas, etc.- como al doméstico de carácter civil -saleros, esencieros, platos, jarros, etc.-.

Piezas de reducido tamaño y altísimo valor, cuidadosamente transportadas en cofres y arquetas, llegan en buen número hasta las ferias de Medina del Campo para abastecer a una clientela reducida, pero de gran poder adquisitivo. Entre las expuestas en este capítulo del Museo, destacan la gran custodia de asiento de la Colegiata de San Antolín, mandada dorar por el Ayuntamiento en 1562, y la cruz relicario que, procedente de algún taller italiano, dona a ese templo su primer gran mecenas, el obispo Juan Ruiz de Medina.


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