El imponente edificio que hoy vemos presidiendo la
Plaza Mayor es el sucesor de una primitiva
parroquia cuya fundación hemos de relacionarla con la llegada de una comunidad de
repobladores procedente de Palencia, amparada por su patrón San Antolín, en la segunda
mitad del siglo XII. En efecto, a 1177 se remonta la primera mención documental de
aquella primitiva parroquia de "Sancto Antonino"; se trataría de un modesto
templo del tipo denominado románico-mudéjar construido como otros a base de verdugadas
de ladrillo, con fondos de tapial. Don Fernando de Antequera es el primer personaje que
concibe elevarla a 'Catedral' o 'Colegiata'. No obstante, será su nieto Fernando
el Católico quien solicite y consiga del Papa Sixto IV la Bula correspondiente, dada en
Roma el 11 de Junio de 1480. El rango de Colegiata con abadía "libre y exenta"
se pierde en 1855, funcionando desde entonces como parroquia mayor.
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Proceso de construcción:
La dirección de las primeras obras corre a cargo de Juan Gil de Hontañón a cuya muerte,
en 1526, sucede su hijo Juan Gil "el mozo". La participación de su otro hijo,
el famoso Rodrigo, no está documentada pero es admitida por todos los especialistas de su
obra. Respecto a su proceso de construcción, las primeras noticias datan del 14 de marzo
de 1503, día en que el obispo medinense Juan Ruiz de Medina adquiere el patronato de la
capilla mayor, al tiempo que se empiezan a levantar los primeros cuerpos de la torre
(en los exteriores de ambas partes se alzan escudos episcopales del patrocinador). Hasta
mediados de siglo se construyen los tres primeros tramos de las naves y las capillas
instaladas en el muro que mira a la plaza; poco después la parte baja del muro de los
pies y en el tercer cuarto del XVI, la portada principal y el atrio. De las últimas décadas datan
las bóvedas de los dos primeros tramos de las naves central y del Evangelio, la puerta de
Ntra. Señora de San Julián y la capilla del Bautismo de Jesús. Entrado el siglo XVII,
sucesivamente, las capillas restantes del muro de la Epístola, la sacristía, la capilla
del Cristo de la Concepción (Quiñones), gran parte de la de Ntra. Sra. de las Angustias y
la nueva portada principal; del XVIII, la cabecera trebolada de esta última capilla, el
coro y parte de los pies del templo; en siglo XIX, a raíz del desastre
producido por un rayo en lo alto de la torre, se componen el entramado metálico de
remate, la nueva maquinaria del reloj -incluidos los 'maragatos'- y, por último, importantes
obras de saneamiento. En el siglo XX ha sido objeto de numerosas intervenciones
y actualmente está concluyendose la ejecución de su Plan Director de Restauración. |
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Exterior
Al exterior, la iglesia colegial ofrece la pesada imagen de las construcciones de planta
de salón; además, la descuidada disposición de muros añadidos y construcciones
adosadas se deja sentir en todos sus flancos. La portada principal es de tipo columnario,
propio de mediados del siglo XVIII, y sustituye a la primitiva levantada Juan Picardo y Juan
de Astorga a partir de 1551. De dos cuerpos, en el inferior se abre una gran puerta
adintelada enmarcada por sillares almohadillados y flanqueada por dos parejas de columnas
toscanas, en cuyos intercolumnios se hallan las estatuas de San Pedro y San Pablo; esta
disposición se repite en el cuerpo superior en cuyo centro se halla la estatua del Santo
titular. Sobre la puerta hay dos aldabas según la tradición arrancadas por los
medinenses de una de las puertas de la ciudad de Ronda tras la famosa batalla de 1485. |
El balcón del Pópulo
Quizá el elemento arquitectónico más interesante de toda la fachada principal sea el
balconcillo que se alza inmediatamente a la izquierda de la portada principal. Es la
capilla abierta de Ntra. Señora de la Concepción o "del Pópulo" y su
singularidad radica en ser el más antiguo antecedente, aún en pie, de las capillas
exteriores o "de indios" tan extendidas en las iglesias y catedrales de
Hispanoamérica. Se construyó como segundo altar de la capilla interior del mismo título
sobre tres mensulones de granito con decoración de palmetas avolutadas; preside el
conjunto un pequeño retablo con la imagen titular. El balcón se cubre
con un frontón triangular en cuyo centro se halla el escudo del fundador, el abad Alonso
García del Rincón, célebre por su protagonismo en la Guerra de las Comunidades. Las
disposiciones fundacionales dictadas en 1516 recogen la función primordial de su
construcción: servir para la celebración de la misa los días de mercado, sin que los
feriantes tuvieran que ausentarse de sus tenderetes; su construcción se terminó en 1523.
Otra balconada que se encuentra en el extremo de la fachada en un cuerpo añadido,
corresponde a la edificada en 1691 por la archicofradía del Santísimo Sacramento, conocida
popularmente como "de los canónigos" por ser el lugar donde éstos presenciaban
los festejos celebrados en la plaza.
La torre del reloj
La torre consta de cinco cuerpos separados por impostas de piedra ligeramente voladas, con
un remate de planta octogonal sobre el que hay una estructura de hierro que sustituye al chapitel ochavado destruido por un rayo en 1841. En el cuerpo de campanas se halla la gran
campana "Santa Bárbara", fundida en 1588 y popularmente conocida como
"campana María"; en el muro del Este se hallan dos esquilones de volteo de 1641
y 1836 dedicados ambos a San Antolín. De los muchos toques de campanas realizados en los
tiempos en que el templo era Colegiata han perdurado algunos, como el que diariamente
puede oírse poco antes de las nueve de la mañana conocido como "toque del
címbalo"; fue instituido en recuerdo de los fallecidos en el desplome de las
bóvedas del templo agustino de Ntra. Sra. de Gracia el 13 de Abril de 1629. En el quinto
cuerpo, se encuentra el reloj de cuyo curioso mecanismo forman parte dos carneros que se
encuentran sobre la esfera y que marcan los cuartos entrechocando sus respectivas testuces
en dos pequeñas campanas (son los originales del primitivo instalado hacia el segundo
cuarto del siglo XVI); justamente encima de ellos, donde se interrumpe la balaustrada de
piedra, estuvieron situados dos grandes figuras articuladas que flanqueban una campana
donde daban las horas; los sustituyen, desde fines del siglo XIX, una pareja de
maragatos de dos metros de altura que pueden verse en lo más alto de la torre a ambos
lados de la monumental campana gótica dedicada a Santa María conocida como
"Maragata".
El atrio y la portada de Ntra. Sra. de San Julián
Delante de la fachada principal hay un amplio atrio o lonja de entrada, expresión de la
jurisdicción eclesiástica ejercida por este templo como sede de la abadía. Su traza
original data de 4 de mayo de 1567 y contemplaba, en principio, la disposición de cadenas
donde actualmente hay antepechos de hierro forjado.
En la parte posterior del templo, en la calle de Bravo, hay otra portada de acceso
titulada "de Ntra. Sra. de San Julián" por ser la más próxima a la cercana -y
hoy reconvertida- ermita del mismo nombre. Consta de un cuerpo en el que se abren tres
arcos de medio punto, el central de mayor anchura que los laterales, que actúan a modo de
hornacinas profundas, rematados por un pequeño frontón curvo corona el conjunto.
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Interior
El interior de la Colegiata presenta las conocidas características del gótico tardío:
planta de tipo salón de tres naves de similar altura con tres tramos cada una y espaciosa
cabecera rectangular. Todas las bóvedas que la cubren son de crucería estrellada con
combados, terceletes y ligaduras. La estructura abovedada, en su conjunto, se apoya, en
los muros exteriores dotados de pilastras interiores y contrafuertes exteriores -entre los
cuales se disponen las capillas-hornacinas-y en gruesos pilares cilíndricos en los que
aparecen adosadas finas columnillas. En el muro de la nave del Evangelio, desde los pies,
se abren las siguientes capillas: |
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La capilla de San Antonio de Padua la fundan Diego Rodríguez de Neira y su mujer
Ana Mendo en 1631. El retablo es del mismo momento y contiene en su cuerpo principal una
escultura de San Antonio, flanqueada por los lienzos de Santa Ana con la Virgen a la
izquierda, y de San Juan Bautista a la derecha; en el ático hay otro lienzo que
representa a Santiago matamoros.
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La siguiente es la capilla de Santa Regina; fundada en 1556 por Francisco Lobato
"el Viejo" (padre del importante "ingeniero" hidráulico Francisco
Lobato del Canto) bajo la advocación de San Cayetano. A finales del siglo
XIX es
transformada radicalmente por el sacerdote Isidoro Sanz Méndez quien la adquiere para
sepultura suya y de sus familiares, siendo la última persona enterrada en la Colegiata en
1903. El retablo es de éste último momento y contiene las antiguas imágenes titulares y
otras nuevas del nuevo propietario; la pieza de mayor interés es la situada en el ático,
una escultura de la Piedad del siglo XVI. La reja que vela esta capilla es de fines del
siglo XVI; hoy desafortunadamente repintada, no parece la original del conjunto.
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Sigue la capilla del Cristo de la Paz fundada por García Sánchez y su mujer
Francisca Pérez en 1535; posteriormente, el patronato pasa a manos Ana Boyer, de la
célebre familia de libreros en la Medina del siglo XVI. El retablo fue encargado en 1554 a
Juan Picardo, quien debía componer como única escena un Calvario con esculturas de bulto
redondo; en la actualidad, de este conjunto sólo se conserva en su lugar la
extraordinaria escultura del Crucificado, denominado popularmente Cristo de la Paz; las de
la Virgen y San Juan tal vez sean las que hoy día flanquean al Cristo Nazareno de la
capilla de las Angustias. La reja de cerramiento se encarga a Juan López de Urigarri,
cerrajero de Mondragón afincado en Medina, en 1556; no se ajusta al vano, tal vez por las
obras de reforma que sufrió esta capilla al ampliarse la inmediata entrada principal del
templo en el siglo XVIII.
Sobre el arco de esta capilla puede contemplarse una pintura mural de San Cristóbal de
grandes proporciones, cuya razón obedece a la difundida creencia medieval de que aseguraba
un día sin sobresaltos y viaje sin problemas a todos aquéllos que vieran antes una
imagen de este santo.
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Tras el cancel de entrada y continuando hacia la cabecera se halla la capilla de Jesús
atado a la columna, fundada por Francisco Pérez de Vargas y Constanza
Álvarez del
Corral en julio de 1546. Sobre un arco titulado de San Pedro y San Pablo perteneciente a
la vieja parroquia, que no había llegado a terminarse por coincidir su obra con la
ejecución del nuevo templo (de aquí que aparezcan ambos santos flanqueando al Cristo
atado a
la Columna). En 1627, Luisa de Torres, esposa del regidor Pedro de Valpuesta, adquiere el
patronato que, más tarde, pasa a manos del Conde de Adanero y sus sucesores. El
retablo fue encargado en 1554 a los escultores Juan Picardo y Juan de Astorga, quienes
realizaron las esculturas ya nombradas. Con el cambio de patronato en 1627 se coronó el
conjunto con un frontón curvo con lienzos de Francisco de Pinedo que representan a San
Joaquín, la Inmaculada Concepción y Santa Ana, disponiéndose a ambos extremos las
esculturas de Santa Teresa y San Juan de la Cruz.
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La siguiente es la capilla del Descendimiento (o de Nuestra Señora), sin duda, una
de las más interesantes de toda la iglesia. Fundada por Antonio de Cuéllar, Corregidor
de Plasencia, y su esposa Beatriz de Cepeda, en ella destacan tanto el
retablo de tablas
pintadas como la reja de cerramiento, ambos encargados en 1533. Las tablas pertenecen al
primer Renacimiento, mientras que la arquitectura del retablo es algo posterior; consta de
dos cuerpos más ático enmarcado por los escudos de armas de los fundadores; en el primer
cuerpo se hallan actualmente las tablas que representan el Martirio de Santa Catalina, Ntra.
Sra. con el Niño y la Estigmatización de San Francisco con la donante; en el segundo, el
Abrazo de San Joaquín y Santa Ana en la Puerta Dorada, Llanto sobre Cristo muerto y San
Jerónimo con el donante; en el ático la Asunción de Nuestra Señora (este orden no es
el original ya que se hallan mal colocadas tras el robo, felizmente resuelto, sufrido en
la noche del 30 al 31 de octubre de 1979). Todas ellas de gran calidad, están en
consonancia con la obra del denominado Maestro de Becerril. Por su parte, la
extraordinaria reja que cierra el conjunto consta de dos cuerpos divididos en tres calles
y coronamiento; corresponde al estilo del rejero Juan Francés, en los momentos del mejor
plateresco, ofreciendo la típica sensación de horror al vacío.
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En la cabecera de esta nave del Evangelio se abre la capilla de la Concepción de
Nuestra Señora o "del Pópulo", llamada hoy de Santa Bárbara. Como vimos
al hablar de la capilla exterior de la fachada principal del templo, el abad Alonso
García del Rincón funda en 1516 esta capilla dotándola de dos altares, uno principal
(el propio de esta capilla) y otro exterior, ambos dedicados originalmente a la Inmaculada
Concepción; las obras acaban en 1523. En los años cuarenta del presente siglo, la
capilla es remozada totalmente por el Regimiento de Artillería con plaza en Medina para
dar culto a su patrona Santa Bárbara, construyéndose un nuevo retablo para la cabecera.
Se cubre con una falsa cúpula sobre pechinas en las que aparece repintado el escudo de
armas del abad. Además del retablo principal, que es contemporáneo, hay otro lateral
neoclásico del siglo XVIII que fue desplazado de la cabecera para situar el nuevo. En el
primero de ellos se ha dispuesto recientemente la magnífica
Piedad de Juan de Juni que se
admite como la realizada para la capilla de Casa Blanca; en el retablo lateral hay una
escultura de la Inmaculada Concepción del siglo XVII, repintada imitando mármol. Cierra la
capilla una buena reja que presenta una traza similar a la de la capilla anterior, de la
cual no se ha conservado el coronamiento.
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La capilla mayor es sin duda el recinto más significativo de todo el templo. Fue
construida a partir de 1503 a expensas del medinense Juan Ruiz de Medina, obispo que fue
de varias diócesis, además de abad de esta Colegiata y Presidente de la Real
Chancillería de Valladolid; dicha fundación, la primera de la nueva Colegiata, se
recuerda en la leyenda que recorre el friso. La capilla se cubre con una bóveda de
crucería en cuyo diseño se advierte, en planta, una estrella de lados mixtilíneos con
nervios angulares.
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El retablo mayor es, sin duda, el conjunto artístico más importante de cuantos
pueden encontrarse en el templo. La mayor parte del mismo se llevó a cabo a expensas de
los bienes de la fundación que hizo Catalina de Sedeño, por testamento de 7 de enero de
1539. Se sabe que en ese año el ensamblador Joaquín de Troya concierta con los
escultores Cornelis de Holanda y Juan Rodríguez la hechura de la mitad de todo el
retablo; asimismo, hay constancia de la intervención del pintor Luis Vélez, quien en
1548 lleva a cabo la policromía del pabellón y figuras del Calvario. Como ocurre en
cualquier obra de estas proporciones se acusa la participación de numerosos artistas con
sus correspondientes talleres, durante varias décadas. Además de los citados, se admite
la participación de Isidro Villoldo, Pedro de Salamanca y otros discípulos de Alonso de
Berruguete, así como la de Juan Picardo, de influencia juniana, y Leonardo Carrión
escultor romanista muy activo en la villa durante el último tercio del siglo. Pasando a
una rápida descripción del mismo, digamos que se asienta sobre sotabanco de piedra y
consta de banco y tres cuerpos completos más el coronamiento. Si bien el trazado de su
arquitectura recuerda el propio de los retablos góticos, con numerosos casamentos, la
técnica de las tallas y los relieves es plenamente plateresca; se organiza en cinco
calles más dos entrecalles que flanquean la central con dos contrafuertes laterales.
Entre las casi cien escenas y motivos iconográficos destacan: en el sotabanco los
relieves con de episodios de las vidas de José y David; en el banco, las esculturas de
los donantes de la capilla y el retablo, las de San Sebastián, San Antonio Abad y
Santiago peregrino, y el bien compuesto tabernáculo de dos cuerpos; los tres cuerpos
siguientes y el de remate entre aletones tienen la misma organización, conteniendo, por
una parte, magníficos relieves que narran episodios de la vida de Jesús desde los temas
propios de la infancia (el Nacimiento, la Adoración de los Magos, la Circuncisión,....)
hasta los propios de su Pasión, Muerte y Resurrección (Ultima cena, Oración en el
Huerto, Coronación de Espinas, Flagelación, Camino del calvario, Descendimiento, Santo
Entierro,...); preside el conjunto un monumental Calvario bajo dosel descorrido por dos
ángeles; junto con los relieves, en los intercolumnios que flanquean la calle central y
en los contrafuertes laterales, hay hornacinas donde se alojan esculturas de bulto
representando a apóstoles, y en sus partes superiores pequeños tondos con bustos de
profetas y santas, todos ellos de gran calidad. La calle central se alteró en 1668
disponiéndose sobre el tabernáculo la Virgen de las Candelas, talla gótica tardía,
titular del retablo junto con San Antolín, cuya enorme escultura se dispone en el
siguiente cuerpo bajo el relieve de su martirio. Sobre los contrafuertes se sitúan las
imágenes de la Anunciación y del arcángel San Gabriel dirigiéndose la mirada y sobre
el coronamiento las representaciones del Antiguo y Nuevo Testamento. Las pinturas murales
representan a Dios Padre y Cristo resucitado con ángeles músicos que tañen arpas,
violas y laúdes.
Todavía en la capilla mayor, empotrado en el centro del muro del lado del Evangelio, se
halla el enterramiento de los Morejón, trasladado desde la parroquia de
Santa Cruz en 1634, hecho que se recoge en las lápidas que flanquean el
armario-relicario en el que campea el escudo del linaje; la puerta que lo
cierra contiene dos lienzos, uno en cada cara, en la exterior se representa
la degollación de Santa Lucía (mártir romana cuyos
restos se conservan dentro en un arqueta), y en la interior a San Isidro con una curiosa
vista de Madrid; dentro de la hornacina, en otro tiempo repleta de relicarios de todas las
tipologías y hoy conservados en la sacristía, se halla una magnífica tabla anónima
fechada en 1542 que representa el Llanto sobre Cristo muerto, cuyo marco provisto de
elementos arquitectónicos es de la misma factura que el del Descendimiento que Pedro
Machuca hiciera por encargo de la medinense Inés de Castillo (mujer de G. Rodríguez de
Montalvo) en 1547, hoy en el Museo del Prado. Por otra parte, en la esquina del muro de la
Epístola se halla una escultura de San Fernando (y no de Fernando de Antequera como dice
la tradición en un exceso de admiración por el ilustre paisano). También debe anotarse
la existencia de dos púlpitos de planta hexagonal, excelentes ejemplos de forja del primer
plateresco. La reja que cierra este espacio, de las primeras décadas del siglo XVII, no
está a la altura de la calidad artística del conjunto.
Continuando por la nave de la Epístola, encontramos en su testero el retablo de
Santiago (hoy de Nuestra Señora del Pilar) que hace pareja con el situado en el otro
testero, aunque su calidad es notablemente inferior. Tras su originaria dedicación a
Santiago, lo fue luego a la Virgen de las Maravillas y, desde 1936, a la Virgen del Pilar,
escultura moderna que está rodeada por discretos lienzos que representan a varios santos
y santas, todos de los siglos XVII y XVIII. Remata el conjunto un calvario que ha perdido
el Crucificado, conservándose las tallas de la Virgen y San Juan de labra de algún
artista local imitando figuras góticas; en los extremos están las armas de los Mercado,
fundadores de la capilla (el mismo escudo se repite en lo alto del primer tramo de esta
nave).
Una pequeña puerta da acceso al cuerpo bajo de la torre que actúa como distribuidor
espacial; de planta cuadrada, se cubre con una interesante bóveda gótica octogonal,
construida seguramente al tiempo que la capilla mayor, cuyos nervios nacen de sendas
trompas angulares que se apoyan en ménsulas renacientes. El suelo de losas es el original
del tiempo de su construcción.
En el primer tramo de esta nave se halla la entrada a la capilla del Santo Cristo de la
Concepción o "de Quiñones". Fue construida entre 1640 y 1645 justamente en
el lugar que antes ocupara la sala capitular y sacristía del templo. Costeó las obras
Bernardo Caballero de Paredes para su enterramiento; sin embargo, la falta de acuerdo con
el cabildo colegial sobre las condiciones y obligaciones del patronazgo, hizo que su
propiedad revertiera al cabildo 1648, vendiéndose once años más tarde al canónigo Juan
Vigil de Quiñones. De planta central cuadrada, se cubre con bóveda de media naranja
sobre pechinas cuya decoración se hace a base de yeserías doradas con motivos vegetales,
rameados y veneras colgantes que aparecen en el interior de molduras con formas
geométricas. El retablo, ensamblado por Juan de Valencia en 1652, es de un cuerpo en el
que se hallan el Cristo de la Concepción, gótico de hacia 1300, flanqueado por dos
lienzos que representan a San Antolín y San Lorenzo; en el ático, hay una pintura de la
Inmaculada Concepción, de la misma mano que los dos lienzos laterales. A ambos lados de
los peldaños del presbiterio hay dos armarios relicarios de portezuelas doradas que
contienen numerosos restos, cedidos por el obispo Caballero de Paredes. También se
conservan en este recinto las esculturas de Jesucristo orante y el Ángel pertenecientes a
la escena de la Oración del Huerto y procedentes de la iglesia de la Vera Cruz. La
capilla se cierra con una reja atribuida al taller de Alonso Macías, en cuyo coronamiento
los barrotes son radiales y confluyen en el escudo de armas de Juan Vigil de Quiñones.
Aún en el primer tramo, se halla el retablo de la Purísima Concepción,
procedente de la desaparecida parroquia de San Facundo y San Primitivo, que fue instalado
en este lugar en 1920 tapando dos arcos, hoy inaccesibles, que corresponden al
enterramiento del linaje de los Mercado. De la primera mitad del siglo XVII, destacan,
entre las piezas que en él se veneran, la la escultura procesional de San Antolín
(s. XVIII) y la del Arcángel San Rafael, atribuida a Luis Salvador Carmona; en el ático,
hay una pintura de la Inmaculada Concepción original de Diego Díez Ferreras.
Como en casos anteriores, sin empotrarse en el muro, sigue el retablo del Bautismo del
Jesús, cuya capilla fue fundada por Juan de la Peña Carvajal y Guiomar
Álvarez en
enero de 1578. Este conjunto, realizado dos años antes, es obra de Leonardo de Carrión y
Agustín Nieva; su relieve central muestra la escena del Bautismo del Señor abriéndose a
los lados hornacinas de medio punto con casetones que acogen las esculturas de San Juan
evangelista y San Marcos; sobre ellas aparecen los relieves que representan a San Lucas y
San Mateo respectivamente.
Tras el cancel de entrada por la puerta de Ntra. Sra. de San Julián, se abre la capilla
de Nuestra Señora de Monserrat (hoy de San José). Sus fundadores fueron Cristóbal
Beltrán de Paz y su esposa, Francisca Pérez, en 1614, según reza la inscripción de la
lápida blasonada adosada al muro de la Epístola. Sabemos de su primitiva advocación
gracias a la escritura que en 1627 firman los Beltrán con el escultor medinense Melchor
de la Peña en la que se concierta la ejecución de la
escultura de la Virgen de
Montserrat, hoy conservada en la sacristía mayor. En 1915, la capilla fue remozada en su
integridad disponiéndose por ese tiempo el nuevo retablo, bajo planteamientos
neogóticos. La reja que cierra la capilla es obra de Alonso Macías (s. XVII).
La última es la capilla de San Pablo (hoy de Nuestra Señora del Carmen), cuya
fundación corrió a cargo del prior D. Francisco de Medina Perú en 1634, quien la
edificó sobre un arco familiar anterior fundado por sus padres bajo el patronazgo de San
Pablo. Tras la última llegada en 1891 de los carmelitas descalzos a la villa, se les
cedió esta capilla repintándose en blanco su retablo y disponiendo en su cuerpo central
una imagen contemporánea de la Virgen del Carmen; también uno de los blasones de la
familia fundadora fue repintado con el escudo mantelado del Carmelo; en el ático hay un
crucifijo de finales del s. XVI. Cierra la capilla una reja de factura similar a la de la
capilla anterior y adscrita al mismo taller de Alonso Macías.
En la nave central se halla el Coro, provisto de una sillería que sigue el modelo
de la de El Escorial, frecuente en los monasterios jerónimos; documentalmente sabemos que
fue adquirida al monasterio de Guisando, por acuerdo del cabildo de 22 de Diciembre de
1614, y que, reformada para su nueva ubicación, fue asentada en los años siguientes por
el ensamblador Sebastián Aponte. Está compuesta por 33 sitiales altos y 21 bajos cuyos
relieves se disponen de forma alternada sobre los sitiales altos; las misericordias
aparecen con el mismo ritmo que los relieves. Las escenas de los primeros muestran
episodios de la vida de Jesucristo desde la Anunciación y el Nacimiento hasta la
Resurrección y la Asunción de Nuestra Señora. Remata el conjunto un dosel corrido que
sirve de coronamiento donde se halla una escultura de San Antolín (s. XVI). En la parte
central un facistol sostiene seis cantorales de los siglos XVI al XVIII. En el piso
superior, sobre un cuerpo volado situado en el trascoro, se halla el órgano, obra barroca
concluida por el organero Juan Francisco de Toledo en 1751, cuyo mueble es uno de los tres
mejores de la provincia por la calidad de su hechura, materiales y parte tallada
ornamental; hasta su conversión en órgano romántico (por Quintín Rufiner en 1924), su
frente estuvo orientado hacia el lado del Evangelio y por ello su costado izquierdo luce
notables labores caladas con motivos propios del momento; una escultura del rey David
preside los siete castillos de que consta, ordenados en cinco calles.
También en la nave central, colgados de las columnas, se hallan dos estandartes reales de
color carmesí, respectivamente de 1666 (actualmente en el Ayuntamiento) y del siglo
XVIII, que sirvieron en su día para las proclamaciones de reyes. En el sotocoro, bajo el
cuerpo construido por el cambio de ubicación del órgano, se venera la imagen de Nuestra
Señora de la Consolación, de mediados del siglo XVI, en un altar del XVIII.
La capilla de Nuestra Señora de las Angustias es la principal y más espaciosa de
cuantas se levantan en la Colegiata. Su primera mención se remonta a enero de 1569,
momento en el que el cabildo colegial cede a la entonces incipiente cofradía de las
Angustias el hueco de la puerta central de los pies del templo a fin de que allí
construyera una capilla donde celebrar sus cultos. Ese recinto debió de ampliarse más
adelante y formando una entrada esquinada hacia su solar actual se levantó, hacia el
segundo cuarto del siglo XVII, la nave de la capilla (el acceso de planta trapezoidal aún
existe tras el altar de la Virgen de la Consolación); la antigua cabecera se amplió con
la construcción del cuerpo trebolado entre 1738 y 1741, acabándose las obras del
conjunto cinco años después y consagrándose definitivamente en 1749.
La nave rectangular de la capilla se cubre con bóveda de cañón de tres tramos con
lunetos y nos conduce al cuerpo octogonal de la cabecera, que está rematado por una
cúpula semiesférica provista de galería corrida, apeada sobre un tambor en el que se
abren los ventanales de medio punto; la decoración presenta unas abultadas y complicadas
labores de yesería tallada a trépano con motivos vegetales, hojas de acanto y cabezas de
serafines. Las pechinas están cubiertas por lienzos que representan a los cuatro
Evangelistas. En tres de los lados del octógono se hallan las exedras que albergan los
retablos, los cuales, al adaptarse perfectamente a ellas, participan de un esquema
arquitectónico general que debe ser valorado en su conjunto. Este espacio trebolado es
del mismo tipo que la de la ermita de la Virgen del Puerto, de Madrid, acabada de
construir en 1718 y, quizá su modelo. La obra se atribuye al medinense José Castander
Uceta (+ 1751) quien sigue los planteamientos churriguerescos del momento.
Su retablo mayor lo preside la venerada imagen de Ntra. Señora de las Angustias, de
mediados del siglo XVI, escultura muy cercana a las atribuidas a Juan de Astorga; la flanquean
las de S. Fernando y S. Hermenegildo, ambas del siglo XVIII. En el retablo lateral del lado
del Evangelio se halla la poderosa escultura de Jesús Nazareno, atribuida a Francisco
Rincón, flanqueada por otras dos de la Virgen María y San Juan de mediados del siglo XVI; el
otro colateral está presidido por la imagen de vestir de Ntra. Señora de la Soledad y
tiene a ambos lados las antiguas esculturas procesionales de Santa María Magdalena y San
Juan Evangelista, de mediados del s. XVII. Otras obras de interés en este espacio son un
Crucifijo (h.1540) que se halla suspendido de dos cadenas y, sobre todo, un lienzo
original de Alonso Cano que representa a la Virgen con el Niño. En la nave hay una tabla
de Ntra. Sra. de las Angustias (h.1600) y en el coro un singular órgano positivo, obra de
Juan Francisco de Toledo, quien lo efectuó en el mismo año (1751) que el que hemos visto
en el coro mayor.
La nueva sacristía, construida tras la cabecera de la Colegiata sigue el modelo ya
ensayado en las iglesias jesuíticas de Santiago y del hospital de Simón Ruiz. Las obras
empezaron en 1636 con trazas del arquitecto Francisco Cillero. De planta rectangular, se
cubre con bóveda de cañón de tres tramos con lunetos, profusamente decorada con
abultadas yeserías talladas a trépano. Del conjunto de obras artísticas conservadas en
su interior anotamos, sobre el muro de entrada, el lienzo de la Virgen del Rosario,
original de Francisco Martínez y de gran interés iconográfico; frente al mismo, en el
muro frontero, el de Jesucristo vestido de Sacerdote, de Diego Díez Ferreras; en el muro
del lado izquierdo, los de San Cayetano, la Inmaculada y San Antolín, los tres
madrileños; en el muro derecho, de menor formato, el de Jesús Nazareno; sobre las
cajonerías, provisionalmente, una magnífica escultura de San Roque peregrino de
comienzos del siglo XVI que recuerda las formas de Rodrigo Alemán y en los armarios la
magnífica custodia procesional que hiciera Cristóbal de Vergara a mediados del s. XVI y
una buena colección de platería.
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